Ambos corazones latieron con fuerza. Samanta no pudo evitar sonrojarse y Dominik lo notó, gesto que lo hizo sonreír.
—Eres tú —masculló y sacudió su cabeza con fuerza—. ¿Trabajas aquí?
La chica asintió con la cabeza.
Dominik se acercó de nuevo a la barra y miró a ambos lados, por suerte no había clientes esperando por ser atendidos.
—No te preocupes—dijo ella—.No chocaré de nuevo contigo, así que no te asustes —soltó una leve carcajada—. Perdona por lo de ayer, enserio lo lamento —Sam atropelló las palabras al hablar.
—No. Ni lo digas. Yo estaba distraído y… no te vi —él se encogió de hombros—. Estaba buscandote —soltó Dominik
Samanta frunció el entrecejo
—¿Ah sí? ¿Y para qué? —inquirió ella, entre confundida y risueña.
Dominik se llevó una mano al bolsillo de su chaqueta para buscar el iPod de la chica.
—Quería...
—¡SAMMY! —un repentino grito lo interrumpió.
La voz hizo que Sam girará su rostro de golpe en dirección a quien la llamaba. Ella vio a Gordon, su jefe, al otro lado del local, haciéndole señas.
»Necesito que me eches una mano —dijo él.
Samanta se giró hacia Dominik y sonrió.
—¿Sammy? —Dom repitió el nombre y no pudo evitar sonreír como idiota.
—Samanta. Mis amigos me dicen Sam, pero mi jefe me dice Sammy cuando está… —se giró y miró a Gordon de nuevo, quien llevaba un montón de cajas entre sus brazos—, estresado —agregó ella.
—Samanta es un nombre muy hermoso —susurró Dominik.
—Debo… —ella señaló hacia un lado.
—Si, por supuesto. No te preocupes. Ve —dijo Dominik.
Sam sintió algo de decepción, pero no lo demostró. En cuestión de segundos se armó una novela en su cabeza. Imaginando que él estaba allí por ella. El príncipe azul que va en busca de la chica, ambos víctimas del destino.
Samanta asintió con la cabeza e hizo un mohín, agitó su mano y se retiró a ayudar a su jefe. Dominik se dio la vuelta y se alejó de allí, deseando poder quedarse, pero debía apresurarse o llegaría tarde al entrenamiento.