Aháva estaba muy emocionada y nerviosa a la vez, comenzaba una nueva vida al lado de su padre. El avión aún no despegaba, pero estaba aterrada, nunca le gustó viajar en avión. —Tranquila, nena. Todo estará bien —le dijo Dominik al notar lo inquieta que estaba. —Lo sé, papi —respondió la nena, tomando la mano de su padre y aferrándose fuerte mientras el avión despegaba. Cuando el avión estuvo en el aire, Aháva soltó la mano de su padre y se asomó por la ventana. Vio como la tierra que la vio nacer, se hacía pequeñita y distante. Pasaron dos horas y Abraham no podía dejar de ver a la niña frente a él. La miraba con atención. —¿Que pasa campeón? —Indagó Dominik, al ver que el pequeño soltaba un suspiro y se recargaba en su asiento de nuevo. —Nara papi, es que ella tiene un libo de cu

