Capítulo 31 - Dominik

626 Palabras
Gritos, aplausos y vítores… Todas las miradas estaban puestas sobre él. Volvió a mirar, una vez más, al hombre frente a él. Sabía que deseaba que cometiera un error, pero no le iba a dar el placer de verlo fallar. Tomó una gran bocanada de aire y dio unos cuantos pasos hacia atrás. Analizó todos los ángulos posibles en los que podía encajar ese penalti, hasta que por fin halló una brecha en la defensa del portero del equipo rival. Botó el aire y pateó la pelota con todas sus fuerzas. El balón voló por los aires, en dirección al arco. Una mano trató de impedir que llegara a su destino, pero no pudo. La fanaticada estalló con un excelso grito al unísono. ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOL! Gritaron. La selección alemana celebró el tanto que los ponía 2 a 1 contra la selección nigeriana, asegurándose tres puntos más. “La bala” lo volvió a hacer. Se cobró la falta que le hicieron a un compañero, y mandó el balón al rincón del arco. Justo donde duerme la araña, dijo uno de los comentaristas. El partido finalizó dos minutos después. —Bien hecho, Dominik —le dijo Brauer apenas al entrar en los vestidores. —¡Ups! Lo hiciste otra vez —comentó Ewald y le dio un fuerte abrazo—. Buen trabajo —le guiñó un ojo—. Prepárate para la rueda de prensa —agregó y le dio una palmada en el hombro. Mientras uno a uno se iba retirando, para dirigirse al lugar donde hablarían con los medios acerca del juego que acababan de disputar, Dominik tomó una rápida ducha y luego se dispuso a postear algo en su cuenta de Twitter, desde su iPad. Sin embargo, hubo algo que llamó su atención. Alguien lo mencionó en un video donde se veía a Samanta huyendo de su trabajo. Pudo observar la presencia de mucha gente que la fotografiaba como si se tratara de la reina de Inglaterra. Sintió mucha rabia, y sin pensárselo mucho, tomo su suéter n***o con capucha y un par de lentes de sol. Tomó su móvil y telefoneó a Sam. Necesitaba saber si estaba bien. Ella contestó al tercer repique. —¿Diga?—Samanta contestó la llamada sin siquiera mirar la pantalla. Acababa de llegar a su casa y aún estaba en shock por lo acontecido en la cafetería. —¿Estás bien?—Preguntó Dominik, sin ningún tipo de delicadeza. —¿Quién habla?—Sam frunció el ceño y miró la pantalla. Su corazón dio un brinco al ver el nombre de la persona que la llamaba. —Soy Dominik —dijo él—. Por favor dime que estás bien. —Sí. Lo estoy… —¿Dónde estás? —Continuó indagando él. —En mi casa —contestó ella, sin darle muchas vueltas al asunto. Dominik caminó por esos pasillos, tratando de evadir a la gente del protocolo y demás. El estadio estaba custodiado por varios organismos de seguridad, a los cuales logró burlar sin ningún esfuerzo, pues estaban pendientes de quienes entraban, mas no de quienes salían. Logró mezclarse con algunos fanáticos que salían del recinto, hasta llegar a donde habían varios taxis. Le hizo un gesto a uno de los taxistas y este le indicó que subiera al primer vehículo de la fila. Lo abordó y le indicó la dirección. La recordaba a la perfección. El auto se puso en marcha y en cuestión de media hora estaba estacionándose frente al lugar que Dominik le indicó. Pagó y bajó. Llegó a la puerta y tocó. Un par de ojos sorprendidos lo miraron al abrir la puerta —¿Tú? ¿Qué rayos haces aquí? —Murmuró Samanta. —¡Necesitaba verte!
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