—¿Qué haces aquí? —No había querido entrar a pesar que la señora Margaret insistió que ya era muy tarde que debería descansar. Quería quedarme más, quería disfrutar de la relajación que me daba las campanitas de viento, también poner mis pensamientos en orden. —Ya entendí todo — me senté en otra silla para apreciar más el paisaje ya que donde estaba le daba la espalda a todo, aunque lo único que se apreciaba eran la silueta de los árboles por la oscuridad de la noche, las estrellas y la luna eran las que iluminaban el cielo. —¿por eso querías alejarte? Contigo a mi lado ignoraba todo a mi alrededor, ese cariño que las personas dan sin esperar nada a cambio, la sonrisa con las que nos comunicamos indicando que nos sentimos a gusto, las conversaciones con la que contamos alguna historia. —

