Meredith Empapada y con un yunque de 200 kilos sobre los hombros, no le presto atención al camino o tan solo a lo que pienso ya que mi mente se va a esas mañanas en las que estuve con mi madre arreglando el jardín, con su paz, ese amor por ver las flores estar tal cual las necesitaba. Vuelvo a ser esa niña llena de ilusiones que veía felices a las personas más importantes para ella. Regreso a ese sitio que llamé hogar, un refugio del que nadie podría sacarme porque era mío, era nuestro. Una niña que va en el auto con su padre, el cual besa la mano de su madre, ambos viéndome a través del espejo diciendo de esa forma que soy lo mejor para ambos. Hasta que un impacto nos mueve violentamente haciendo que demos volteretas, cristales incrustandose por todos lados hasta que otro golpe nos s

