Capítulo 4

1056 Palabras
Alice Magnus Beranov era el mejor amigo de mi hermano en la secundaria y, siendo honesta, siempre me pareció un verdadero dolor de cabeza. Sí, era guapo, atractivo, sexy y todo lo demás, pero nada de eso borraba lo irritante que podía ser. Me llamaba “Cari” a cada rato. Ni siquiera sabía que significaba eso y, para colmo, se aliaba con Liam para asegurarse de que ningún chico se me acercara. Ahora que mis recuerdos eran más nítidos, la idea de ser más amable con él se había desvanecido. Pero no, eso no era lo peor de este hombre que ahora estaba frente a mí. Lo más molesto era que él había sido responsable de más de la mitad de los desamores que viví en la escuela. Era un mujeriego, un playboy experto en sus juegos. Todo le salía fácil gracias a su aspecto y su dinero. Podía conquistar a cualquier chica que quisiera, sin importarle cómo les rompía el corazón, mirándolas con esos ojos fríos y calculadores. Así que, ¿cómo no había podido reconocer a noche a ese hombre tan sexy y, al mismo tiempo, una verdadera señal de alerta? Me quedé paralizada, atrapada en esos recuerdos. Intenté recordar si alguna vez había visto a Magnus ser amable o cálido con alguna chica, pero no podía. Simplemente, esos momentos no existían. La única vez que mostraba algo parecido a una sonrisa sincera era conmigo, fastidiándome con ese apodo de “Cari”. Esas eran las únicas veces en que sus ojos mostraban alguna calidez. —No te limites a mirarme y desnudarme con la mirada —me dijo con una sonrisa juguetona—. Mejor, desnúdame con las manos. Aparté la vista rápidamente, con las mejillas ardiendo al darme cuenta de que lo había estado mirando más tiempo del que debía. Magnus levantó la foto que había estado observando y la agitó en el aire. —Ya no solo estás linda. Ahora te ves... —me evaluó de pies a cabeza, desde mi cabello aún húmedo hasta la punta de los pies—... hermosa. ¡Maldita sea! Seguro que me había vuelto hermosa con los años, pero él solo decía “hermosa” para no admitir lo que realmente pensaba: que me veía sexy. El vestido azul que llevaba no lograba esconder las curvas que sus ojos detectaban con facilidad. Se detuvo en mi vientre y mi busto. Seguro que había crecido un poco. Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos y, por un instante, me quedé clavada en el lugar. —Es hora de irnos, Cari —dijo Magnus, apartando la mirada de mis ojos como si quisiera alejar los pensamientos que tenía sobre cómo se verían esos ojos si estuviera de rodillas frente a él. ¡Malditos infiernos, Magnus! Se supone que soy como una hermana para ti —me repetí en silencio mientras él se acercaba y me quitaba el equipaje de las manos. —No pienso ir a ningún lado contigo, Magnus —le respondí con firmeza. Se rió con complicidad. —Creí que te había quedado claras mis palabras de anoche, o ¿quieres que te lleve a cuestas, Cari? —preguntó mientras apartaba mi cabello oscuro y rizado hacia atrás. No tuve que preguntarme si hablaba en serio. —Deja de llamarme Cari —le dije, sin siquiera contestar su pregunta. Él se inclinó hacia mí con esa sonrisa segura que siempre lograba sacarme de quicio. —Estoy seguro de que ya discutimos esto hace cinco años —respondió con tono desafiante. Sentí cómo me faltaba el aire al inhalar su colonia, una fragancia masculina que no me gustaba en lo absoluto, por muchas razones. Pero, a pesar de todo, soy una chica heterosexual, y el hombre frente a mí no dejaba de ser atractivo para cualquiera. Me eché hacia atrás rápidamente, buscando distancia, y di un par de pasos para alejarme. —¿Y entonces, cuál es la conclusión de ese debate? —pregunté, intentando mantener la calma. —Que seguiré llamándote Cari. Tu nombre es demasiado difícil para mí, así que mejor me quedo con ese —dijo con una sonrisa traviesa. Se apartó completamente y, de repente, la sonrisa juguetona desapareció de su rostro. —Vamos —ordenó con voz firme. Me vi caminando hacia la puerta, con él siguiéndome cargando mi equipaje. Un auto n***o nos esperaba afuera. Me acerqué para abrir la puerta, pero Magnus me detuvo. —¿Olvidaste que no permito que tú, “Cari”, abras la puerta del auto por ti misma? —dijo, y la abrió para mí. Quise replicar, pero me contuve. Me acomodé en el asiento trasero sin ganas de mantener una conversación larga con él. Saqué mi teléfono justo cuando Magnus puso el coche en marcha. Empecé a navegar distraídamente por la pantalla, tratando de evitar mirarlo de reojo. Pero nada en Internet lograba captar mi atención. Lo único que me resultaba interesante era el hombre que conducía. Lo observé a través del espejo retrovisor. Su rostro serio mientras manejaba tenía algo encantador. Lo miré más tiempo del que pretendía. No fue mi intención mirarlo así, lo juro. De repente, Magnus también se fijó en el espejo, y nuestras miradas se cruzaron. Aparté la vista rápidamente. La dureza en su expresión se suavizó. —Puedes mirarme todo lo que quieras, Cari —dijo con tono divertido. —No te estaba mirando —mentí sin convencerme. —Las chicas buenas no mienten, ¿sabes? —respondió con una sonrisa burlona. —¡No soy una chica buena! —le respondí sin pensarlo. Odiaba cuando Liam y Magnus me llamaban así, haciéndome sentir inocente e ingenua. —Seguro que eres buena chica, Cari —insistió. Estaba a punto de contestarle cuando mi teléfono vibró con un mensaje. Lo abrí y vi que era de mi novio. Durante esos minutos con Magnus, casi había olvidado que tenía novio. Él había ocupado toda mi atención. Leí el mensaje y sonreí suavemente. —¿Qué es eso? —preguntó Magnus curioso. —Mi novio —respondí sin dudar. De repente, Magnus pisó el freno y el coche frenó bruscamente. Jadeé sorprendida y abrí los ojos de par en par. —¿Qué demonios? ¿Planeabas matarme? —le pregunté, con el corazón latiendo rápido.
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