Capítulo XXXIV: Perverso

1323 Palabras

Mérida caminaba rápido, alejándose de todos, Max la observó, fue tras ella sin pensar, pero se quedó inmóvil al ver salir a James tras ella, quiso interponerse, pero no pudo, se quedó de pie, observando a James con odio. Ella salió por la puerta hacia la alberca del jardín trasero, necesitaba aire, respiró rápido, quería huir, escapar de todo eso —¡Mérida! —no lo miró, se quedó ahí, no quería verlo—. ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Qué hiciste? Dime la verdad, ten valor, ¿Abortaste a mi hijo sin tener piedad de una vida inocente? —exclamó con dolor, Mérida sintió la rabia hervir su sangre, se giró a mirarlo con todo el odio centellando en sus ojos azules —¡Yo no maté a nadie! No te atrevas a insinuarlo, tuve un aborto espontáneo, ¿Dónde estabas tú, James? ¿Lo olvidaste? Mientras yo estab

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