- Sí, Mau, no creo que esto se repita, así que hazme disfrutar como si en eso se te fuera la vida. Mau me llevó a mi habitación, el ropero de mi abuela tenía un espejo de doble hoja donde tantas veces había visto como me cogía mi marido, pero, después de tanto tiempo, ahora iba a sentir una v***a nueva; me empezó a desnudar, menos mal que hoy fui al club, estaba limpia y depilada. -Que bárbara, Patricia, sigues teniendo el cuerpo de una jovencita- Gracias, Mau, pero tú no te quedas atrás, mira esos pectorales y esas piernas, por Dios, pareces una estatua griega de carne. -Déjame sacarte ese calzoncito… que rica se te ve la…- Ya te dije, trátame como si fuera, Faby. -Qué rica se te ve la panochita, ¿Me dejas mamártela? Hazme lo que quieras, papito, me tienes tan excitada, mira cómo te abro

