Al salir del agua me preguntó si ya me había recuperado del calentón y mi pene había vuelto a su estado normal. Lo hizo centrando la mirada en mi polla. Le dije que sí, pero que seguro que volvería a crecer en breve porque la única forma de evitarlo era corriéndome y eso no había ocurrido. Se echó a reír y yo le seguí la broma, aunque para mí no lo era.
Me confesó que se había dado cuenta el día anterior de que no le perdía el culo de vista, ni aun cuando disimulaba haciendo que leía. Le dije qué ya que estábamos sincerándonos, tenía toda la razón. Tenía el mejor culo que había visto en mi vida y mucho menos me había imaginado tocarlo como cuando le había puesto crema.
Me preguntó qué haría con el si ella me dejara. La miré a la cara con cara interrogativa. Me repitió la pregunta. Mi respuesta fue clara y directa. La dije que le metería la lengua tan dentro como fuera posible para dilatarlo hasta que se acostumbrara a ser invadido. Después lo penetraría despacito con la polla y me correría allí dentro.
Abrió mucho los ojos y se me quedó mirando fijamente. Dijo que no se esperaba una respuesta tan abierta y sincera. El problema, entre otros, era que ella solo había hecho sexo anal una vez, con unos de sus novios. No le había gustado y además le dolió.
- No se cuáles serán los otros impedimentos, pero por el daño no te preocupes. Se trata de disfrutar los dos, no de que uno se sacrifique por el otro.
- Bueno tampoco te conozco lo suficiente para enrollarme contigo y que me des por el culo a la primera de cambio.
- Eso tiene remedio y conste que has sido tú la que ha preguntado. Yo solo estoy siendo cortes y respondiendo a lo que me has preguntado.
- En eso tienes razón, quien me mandará a mí meterme en estos charcos.
- La curiosidad y las ganas de que te dé un buen revolcón.
Esto último se lo dije pasándole suavemente la mano por la espalda y metiendo un dedo entre los glúteos al llegar a la zona baja. Fue casi imperceptible la inclinación que hizo hacia un lado para dejarme acceso al anillo oscuro. Lo presioné y se contrajo. Se lo pasé por la nalga manchada de crema protectora y volví al centro en busca de la entrada del cráter por dentro de la braga. Esta vez se dejó hacer y cuando empecé a mover el dedo intentando entrar, su respiración se agitó.
Me dijo que nos fuéramos. Estaba excitada y no quería perder el tiempo dándose un baño. Tenía la braga del biquini empapada de lo caliente de estaba. Me levanté y la ofrecí la mano para ayudarla a incorporarse. Recogimos nuestras cosas y nos dirigimos al ascensor. Cuando perdimos de vista a los vecinos, ambos nos lanzamos a la boca del otro, a devoramos.
Al entrar en el ascensor y cerrarse las puertas, seguros de que nadie nos podía ver, la alcé en brazos y me rodeo la cintura con las piernas, quedando los sexos pegados. Ella empezó a restregarse y yo le metí la mano en el chocho por detrás. Recogí parte del flujo que le chorreaba por los muslos con el dedo índice y se lo fui metiendo en el culo. No dijo ni pio.
Salimos del ascensor y nos dirigimos hacia las viviendas. Al no haber ningún vecino en la planta, le metí un dedo en el culo y ella me agarró la polla por fuera del bañador. Al llegar a mi puerta me paré y ella dijo que prefería ir a la suya. Se iba a sentir más cómoda.
Entramos y nos besamos nada más cerrar la puerta. La poca ropa que llevábamos voló. Ella volvió a subirse a mis caderas con las piernas alrededor de la cintura y se irguió lo suficiente para ponerme los pechos a la altura de la cara. Tenía unos bonitos pezones que no dude en chuparlos, al tiempo que retornaba el dedo a su culo.
Se dejó caer un poco, buscando la punta de la polla con su sexo. Cuando la tuvo entre los labios, me dijo que no había problema en que me corriera dentro, tomaba anticonceptivos. Le saqué el dedo del culo. La así de las caderas, di un tirón hacia abajo y se la ensarté entera. Me dije que el culo podía esperar.
Era una tía caliente. Consiguió correrse dos veces antes de que yo lo hiciera. La verdad es que, al estar en vilo, tan solo sujeta por las piernas a mis caderas, las penetraciones eran salvajes y profundas, teniendo en cuenta que mi polla, empalmada, pasa de los veinte centímetros.
Nos dimos una ducha para quitarnos del cuerpo el cloro y la crema. Ya en la ducha, le dije que se agarrara a los grifos y pusiera el culo en pompa. Se coloque detrás y le pasé la lengua por el ojete. Repetí la operación varias veces y al tocarla el coño, estaba chorreando de nuevo.
Salimos de la ducha y nos secamos. Vio que de nuevo tenía la polla dura y me dijo que la rompiera el culo, palabras literales. Le dije que no necesitábamos lubricante, que con el flujo del coño era suficiente. La tumbé en la cama boca arriba con las piernas complemente abiertas y las rodillas inclinadas hacia el pecho.
Le metí la lengua en el culo tanto como pude. Después le unté la entrada con sus propios fluidos. Se la metí por delante un par de veces lubricármela y después se la coloqué en la entrada del orificio trasero. Solo metí solo la punta, hasta ver su reacción.
Aguantó la entrada del c*****o y enseguida dio muestras de dolor. Me retiré para a volver a insistir, cuando me dijo que usara aceite corporal para bebes, mostrándome el bote. Le puse un buen chorro dentro del culo y esta vez no se quejó al meterle de nuevo el c*****o. Al no haber resistencia, empujé un poco y le metí la mitad. Con el siguiente empujón entró entera.
Empecé a follarla y jadeó. Para darle más intensidad, de vez en cuando se la sacaba entera y me la reclamaba dentro. Volvía a metérsela entera de un solo empujón y ella se echaba hacia atrás, buscando más polla.
Se corrió dos veces dándola por el culo y no siguió porque me corrí yo y se me quedo blanda. Al sacársela me dijo que nunca hubiera imaginado que podría llegar a disfrutar tanto con una polla en el culo. La sesión nos dio un poco más de sí. Se empeñó en que quería que nos corriéramos mientras le comía el coño y ella me comía la polla. Los dos tuvimos un nuevo orgasmo con el sexo oral.
Nos seguimos viendo regularmente, al menos una vez a la semana. La verdad es que es muy cómodo vivir a unos veinte metros de la puerta de su vivienda. Puedo ir a su casa incluso en pijama, si se tercia.
Su problema ahora es que ha descubierto que le gusta más follar por detrás que por delante. Y a su novio no le gusta el sexo anal. No quiere siquiera meterle algún juguete por detrás mientras la folla por delante. Al gilipollas le parece una guarrada.
Afortunadamente yo estoy muy cerca de ella para suplir sus deficiencias, siempre que lo requiere.