XXXI

1372 Palabras

Anastasia.  Sentía mi cuerpo algo adolorido, incluso me pesaban los párpados. Estaba como en querer dormir y no querer seguir haciéndolo, pero entonces sus caricias estaban ahí, en mi cabello que tanto le gustaba, podía sentir lo calmada que era su respiración y la paz que lo invadía. Me removí en su pecho, es increíble que con él amanezca justo como nos acostamos, yo en casa puedo despertar hasta en el piso de tanto que me muevo en la madrugada. —Ya despertó la dormilona más hermosa — su voz ronca de macho recién levantado bautizó mis oídos. Ya se lo había dicho antes, su voz es espectacular, pero acabado de levantar superaba todos los extremos.  Sonreí aún soñolienta. No sé cuantos apodos me ha puesto.  —Que hora es?— le pregunté. —Buenos días mi amor Adriano. Cómo estás? Como amane

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