Adriano. Desesperado por tomarla le quité toda la ropa. Mantenía sus ojitos cerrados disfrutando de mis caricias, me apretaba fuerte. Tan pronto como me dijo que la hiciera mía la cargué y la deposité sobre la mesa, si, sobre el comedor. La obligué a recostarse mostrándose completamente desnuda ante mi. Tan solo unas muy finas tangas cubrían su zona intima pero sus senos hermosos estaban al aire libre expuestos a mi visibilidad. Acaricié por entre medio de ellos mirando su cuerpo estremecerse, besé alrededor y capturé con mis labios uno de sus pezones escuchándola jadear. Mi mano no se contuvo y haciendo a un lado su tanga roja deslicé mis dedos en el interior de su v****a y me sorprendió ver con la rapidez que resbalaron. Ella estaba muy húmeda. Era una laguna andante. Con sus man

