VEINTISIETE Sam seguía mareado. Lo sucedido en la casa rodante había sido tan intenso, que todavía no podía procesarlo. El asqueroso individuo, el cuchillo, la riña, su mejilla. Y luego, Samantha. Matándolo de esa manera. Fue increíble. ¿Quién era ella? Sentado frente a la muchacha en un restaurante de la carretera, la miraba. Se sentía más atraído por ella que nunca, pero también estaba preocupado. Debía ser cauteloso. Ella se veía totalmente relajada, sorbiendo su batido de vainilla, y Sam no podía entenderlo. ¿Era la misma chica? Ahí estaba ella, tan serena y sexy. Una chica increíble con la que le encantaba estar; pero también era esa loca psicópata que asesinó al pedófilo sin siquiera parpadear. ¿Lo había matado de verdad? Todo fue tan rápido y el lugar estaba tan oscuro, que e

