Recogí mi pantalón, tomando la billetera en donde guardaba un condón. Hice memoria del tiempo que lo estuve llevando allí, no quería uno de estos defectuoso. Volví hacia a ella y me detuve abruptamente al ver a Jenny todavía sentada sobre sus muslos, con su espalda pegada a la cabecera de la cama y con el pelo ocultando por poco sus duros pezones rosados. -Si tan solo supieras lo comestible que luces en este momento -murmuré trayendo conmigo el nuevo condón. Ella se ruborizó y agachó la cabeza. Me subí a la cama, alzando su barbilla y devorando sus labios. -Acuéstate -le dije- será menos doloroso para ti. -Pero me gustaba como estábamos antes. Sonreí de forma traviesa. -No puedo creerlo, he creado un monstruo. Ella tomó una de las almohadas de la cama y me la lanzó. Seguidam

