Después de las juntas de inversores Isaac recogió a Erin a su casa y fueron a un linda playa a pasar su último día juntos gracias a Dios se había despegado por fin de su asistente. Mientras que Erin se encontraba postrada sobre la arena Isaac le dijo. —Date la vuelta, por favor. Tengo ganas de ponerte crema bronceadora en la espalda desde que llegamos. Ella sonrió, se quitó las gafas de sol y se sentó. – Me impregné entera cuando llegamos. –¿Y qué importa eso? Te puedo poner un poco más... Ella soltó una risita. –Está bien, me has convencido. Erin abrió el bolso, sacó el tubo de crema y se lo lanzó antes de tumbarse otra vez en la toalla. No se oía nada salvo el oleaje del mar y las pisadas de las personas que habían alrededor. Era el último día antes de que Isaac se fuera

