Hacía tiempo que no me veía con Roberto, tenía ganas de sexi y él era un buen amante, así que lo llamé para decirle que necesitaba verlo y aprovechó un espacio en su agenda para visitarme. Algo me pasó, a pesar de la excitación y las ganas que sentía, mi v****a no lubricó, lejos de disfrutarlo lo sufrí porque el roce de su m*****o con mi interior me producía irritación y ardor, era como si tuviera una infección, porque me negaba a pensar que se tratara de un desorden hormonal por la menopausia. Para colmo Roberto parecía tener más vigor que de costumbre y se tardó tanto en llegar al clímax que no me quedó más remedio que fingir para que se diera prisa. —¿Qué te pasa? Te sentí reseca por dentro, ya no estás tan rica como antes, te estás poniendo vieja. —¡Todo lo que me está pasando es t

