25 de diciembre. Navidad. Breckenridge. Killiam Draven Unos dedos fríos se abren paso por mi espalda y me hacen estremecer. Con los ojos todavía cerrados, sonrío y me retuerzo, porque esto debería considerarse tortura. —Despierta, mi amor, ya es Navidad. La voz somnolienta de Mack se abre paso en mi mente, pero sigo fingiendo que no quiero despertar. Quiero ver hasta dónde llegan esos dedos y si son capaces de darme un regalo antes de salir de esta cama calentita. —¿No quieres tu regalo, mi amor? Me gustaría poder dártelo antes de que empiecen a llamarnos para abrir los regalos familiares. Se sube encima de mí, tratando de regresar a su lugar a mi lado, pero en el último instante me coloco boca arriba y Mack gime al quedar a horcajadas sobre mí. —Estoy más que listo para ese regalo
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