Velada divertida. 1

3261 Palabras
Lila mantuvo las manos sobre la cartera que iba sobre su regazo, no era la primera vez que subía a un deportivo, pero si a uno de esa marca tan lujosa e imagino que su dueño debía tener sus caprichitos y los medios para tener unos diez iguales, giro un poco su cabeza para ver por la ventanilla, las farolas de la carretera se iban moviendo con bastante rapidez y las luces de los edificios parecían simples manchas borrosas. — Lila ¿Vas a presentar mañana tu tesis terminada? — Alexander quería conversar un poco. — Si, mañana lo enviare en un correo al decano, una vez tenga todo aprobado podre empastarlo y comenzare a trabajar en la defensa. — explicó mientras lo veía y sonreía. — Es una buena noticia, ya te queda solo un porcentaje pequeño del trabajo final. — sonrió sin apartar la mirada de la carretera. — Si, por suerte estoy a solo unos pasos de poder graduarme finalmente y después de eso me voy a mudar. — se encogió de hombros con una gran sonrisa. — ¿Te mudaras de casa de tu madre? — volteo unos segundos hacia ella. — Si, ya soy una adulta y tengo que comenzar a pensar en tener mi propio espacio personal, a ella no le va a gustar la idea, pero ya es una decisión firme. — bajo la mirada pensando en que iba hablando de más. — El primer apartamento siempre es un evento que emociona, recuerdo el mío, tenía dieciocho y estaba emocionado, pensaba que iba a poder a hacer fiestas todos los viernes mientras estudiará la universidad. — Alexander se rio. — ¿Eras un hombre fiestero? — Lila comenzó a demostrar más interés en él. — Solo los primeros dos meses, después me di cuenta de que si no era responsable con mis estudios lo iba a perder todo e iba a decepcionar mucho a mi abuela, ella es como mi segunda madre, así que decidí ser un hombre y concentrarme solo en mis estudios. — contó un poco de su vida esperando no aburrir a Lila. — Eso de las fiestas nunca ha sido lo mío, yo me he concentrado solo en la universidad... — Lila sonrió con aquella confesión mientras se lo imaginaba siendo un jovencito fiestero — Abandonar las fiestas le dio buenas cosechas, se ha convertido en uno de los empresarios más jóvenes de toda la ciudad y maneja un verdadero imperio moderno, espero que mi esfuerzo tenga un resultado tan victorioso como el tuyo. — volteo a verlo y él hizo lo mismo aprovechando que estaban detenidos en un semáforo. — Tienes todas las posibilidades de ser una mujer tan exitosa como tu madre... — su comentario la hizo arrugar la nariz — Pero al final no importa mucho quienes sean nuestras referencias, si no hacemos bien las cosas quedaremos como mediocres y los apellidos no valdrán de nada, has conseguido estar aquí por tus propios méritos. — se dio cuenta de que había tensión entre ellas. — Espero por lo menos graduarme con honores y salir de la universidad de una buena vez, me encantaría comenzar mi propia aventura. — vio al frente pues el auto volvió a estar en marcha. — Ahora que tu tesis está terminada ¿Habrá una copia para mí? — volvió al tema de antes. — Si me das tu correo te la puedo mandar ahora mismo. — Lila no tenía problemas en que el hombre la leyera. — Estamos por llegar al restaurante. — tomo la desviación hacia el puente. — ¿Dónde me llevas? — Lila observó con atención el trayecto. — Es un lugar especial, muy lindo y donde vas a pasar una buena velada... — hizo una mueca sus labios — Espero yo que así sea, no quisiera aburrirte y que pases la peor velada de tu vida. — se encogió de hombros mientras temblaba ligeramente. — Por el momento la velada no ha comenzado tan mal, solo por mi despiste que te hizo perder el tiempo. — peino su flequillo hacia un lado. — No digas eso, la noche va muy bien para mí y me emociona mucho que no me hayas tirado la puerta en la cara apenas me viste. — le guiño un ojo. Lila soltó una risita divertida por aquel comentario, tuvo la intención de hacer aquello y es que la tomó por sorpresa ver al hombre de pie frente a la puerta de su casa, si hubiese sido más joven muy posiblemente hubiese hecho eso y habría pasado mayor vergüenza; el recorrido fue bastante largo, Lila lo noto y es que Alexander la había llevado al otro lado de la ciudad donde era una zona más lujosa, los funcionarios de gobierno y dueños de las empresas más reconocidas vivían en ese lado de la ciudad, su madre la había llevado a comer a varios restaurantes de ese lado en momentos especiales y Lila no era ajena a ver el lujo que se destilaba. Alexander detuvo el auto frente a un enorme edificio, la torre "Imperio" era un lugar turístico muy famoso por la vista que tenía, en sus diferentes pisos había tiendas, restaurantes y oficinas de diferentes rubros; el aparcacoches abrió la puerta del lado de Lila y con una sonrisa en los labios extendió su mano para ayudarla a bajar, Alexander bajó del auto y apuro el paso para dar la vuelta, pero Lila iba bajando cuando él llegó. — Gracias. — Alexander le entregó la llave al chico y tomó la mano de Lila. — Sean bienvenidos al edificio Imperio, disfruten su velada. — el chico sonrió con sus ojos puestos en Lila. Llevaba años soltera e incluso pasó un tiempo donde ni los mosquitos se le acercaban, ahora no sabía cómo interpretar que el joven aparcacoches del lugar le dedicara una sonrisa coqueta y que a su vez sintiera el agarre de Alexander apretarse a su cintura de forma bastante posesiva, ese tenía que ser el día más loco de su vida y uno que posiblemente no iba a volver a repetirse en mucho tiempo. — Espero que no hayas perdido la reserva. — dijo Lila al verlo revisar su reloj de muñeca mientras el elevador subía. — No para nada, hay quince minutos de tolerancia y vamos en tiempo justo, solo iba monitoreando el tiempo porque espero que el nuevo proyecto se cargue por completo a un nuevo sistema operativo. — explico mientras se arreglaba la manga del saco. — ¿Puedo saber qué proyecto? — Lila se recostó en la pared lateral del elevador y pasó una pierna frente a la otra. — El proyecto Aiden. — Alexander paseo su mirada desde los pies hasta la cabeza de Lila. — Es el proyecto en el que mi madre trabaja. — no se pudo contener la sonrisa. — Si, ese mismo. — por suerte las puertas del elevador se abrieron y él extendió su mano para cederle el paso. Lila tenía una mirada bastante intensa cuando le causaba interés y lo peor quizás era que ella no se daba cuenta de eso, salió del elevador un poco impresionada por el amplio recibidor que les dio la bienvenida, de un alfombrado rojo vibrante, luces empotradas muy tenues y las paredes con un diseño floral intrincado de color plateado, el candelabro de cristales en el techo la hizo levantar la cabeza por unos segundos. El anfitrión vestido con traje de pingüino les dio la bienvenida con una sonrisa que Lila sintió bastante forzada, Alexander dio su apellido solo por seguir el protocolo pues era un hombre muy conocido en toda la ciudad y después de que el anfitrión revisará en su pantalla táctil saco el menú digital, era una lámina rectangular de unos milímetros de grosor completamente táctil que solo se encendía después de pasar un código sobre ella. — Él es Esteban y será su mesero durante su velada. — dijo el anfitrión señalando al hombre a su lado. — Buenas noches, por favor, acompáñenme. — tomó los menús y camino por delante de ellos. — ¿Te gusta el lugar? — preguntó Alexander mientras caminaban. — Es un lugar muy lindo. — ese lado del piso también tenía una alfombra roja y las paredes tenían el mismo diseño. — ¿Ya habías venido aquí alguna vez? — la tomó de la cintura para no perderla. — No, es la primera vez que vengo al restaurante, el año pasado quisimos venir al mirador en el piso de abajo, pero estaban en remodelaciones. — mientras iban pasando entre las mesas vio una figura conocida que se puso en pie rápidamente. — ¡Alexander, que sorpresa verte esta noche! — dijo el hombre extendiendo su mano hacia él. El hombre que se acababa de parar era el presidente del consejo de síndicos que formaba parte del sistema político de la ciudad de Byteburg, Nico Chen, era un hombre que aparecía en muchas pantallas en la ciudad pues tenía propuestas buenas que mes con mes presentaban a los pobladores, Lila se quedó quieta al ver a ambos hombres saludarse y casi que intentó hacerse invisible pues pensaba que no estaba acorde con el momento, esperaba que ambos hablaran y que Alexander no pensara en presentarla al presidente de síndicos. — Un gusto en verte Nico. — Alexander sonrió amistoso. — Veo que no vienes solo. — comento el hombre notando la presencia de Lila. — Si, esta noche me acompaña una amiga. — volteo a verla y extendió su brazo para acercarla. — Buenas noches. — Lila iba a saludar al hombre con un apretón de mano. — Este lugar es muy elegante como para que vengas solo con una amiga. — Nico tomó la mano de ella con suavidad y la llevó a sus labios para darle un beso en el dorso. — Es la verdad... — Alexander se rio — Si me disculpas, tenemos que ir a nuestra mesa. — tomó la cintura de Lila para moverla. — Gusto en saludarlo, permiso. — se despidió amablemente siguiendo al mesero de nuevo. El mesero los llevo a la terraza y todavía tuvieron que caminar un poco más pues la mesa que Alexander había reservado era la más alejada de todas, la más privada y la que tenía la vista más espectacular de todo el restaurante, tuvo que subir un par de gradas mientras observaba la ciudad iluminada extendiéndose hasta el horizonte, en el centro del balcón, había una mesa redonda con un mantel blanco que llegaba hasta el piso, todo estaba preparado para una cena íntima, la mesa está adornada con un gran arreglo floral, rosas de color rosado pálido y las velas encendidas añadían un toque romántico a la atmósfera. El balcón contaba con barandillas de vidrio y estaba adornado con pequeñas luces que iluminan el suelo de madera, proporcionando una iluminación suave y acogedora; un elemento único y futurista era un personaje animado que parecía ser una bocina voladora con forma de cupido, eso le añadía un poco de fantasía al momento que se presentaba ante ella. — Señorita Stirling... — Alexander la sacó de su sorpresa — Hágame el gran honor de tomar asiento en esta modesta silla. — movió la silla. — Muchas gracias, señor Kepler. — se rio divertida por sus acciones. — No sea tan formal conmigo que me pone nervioso. — tomó asiento frente a ella y el mesero les entregó los menús. — Muchas gracias... — Lila bajo la mirada — Este lugar tiene una vista espectacular, no imaginé que fuese a traerme a un lugar así de impresionante. — levantó la mirada hacia un lado, le daba un poco de vértigo la altura, pero era hermoso. — Pensé mucho cual sería el lugar más correcto para traer a una primera cita... — esas palabras hicieron que ella lo viera rápidamente — Lo siento mucho, pero para mí es una primera cita y si tú me lo permites puede ser la primera de muchas. — se arregló la corbata un poco. — Eso ya lo veremos. — sonrió mientras giraba su cabeza hacia un lado viendo a cupido acercarse a la mesa. — ¿Desean que amenice el momento con algo de música? — preguntó mientras sus alitas se movían. — Por el momento no, gracias. — dijo Alexander que ya sentía haber metido la pata al decir que aquello era una cita sin preguntárselo a Lila primero. — Me gustaría saber un poco más de ti, que hay debajo del hombre que aparece en portadas de revistas. — dijo Lila mientras tocaba con curiosidad las alitas de cupido. — Bueno, no sé muy bien que te gustaría saber de mí, tengo veintisiete años, me gustan los autos veloces, la mayor parte de mi tiempo lo ocupo en trabajar y... — se quedó en blanco pues no sabía qué más decir — Hace mucho tiempo que no hago esto, he perdido el toque en las citas. — se rasco la nuca al verla reír. — ¿Cuándo fue tu última cita? — Lila estaba divertida al verlo tan nervioso. — Creo que hace dos años... — trato de hacer memoria — Pero algo me dice que has leído algunas cosas sobre mí, porque no mejor me hablas de ti, cuéntame que cosas le gustan a Lila, sus pasatiempos, sus cosas favoritas, los planes que tiene a futuro. — acercó un poco más la silla a la mesa. — Siento que sería algo aburrido hablar de mí. — dio dos toques al menú para encenderlo pues ya estaba desbloqueado. — Para mí sería muy interesante escuchar todo sobre ti. — Alexander hizo lo mismo, pero se fue directo al menú de vinos. — ¿Sobre mí? — Lila lo vio fijamente — No sé si la vida de una estudiante universitaria sea muy interesante para un hombre como tú, siempre estas rodeado de muchos nuevos descubrimientos. — bajo la mirada nuevamente. — Son descubrimientos banales en comparación al descubrimiento del mundo curioso que podría ser Lila. — escogió un vino antes de levantar la mano para llamar al mesero que no estaba muy lejos de la mesa. Lila guardó silencio y observó de forma expectante lo que Alexander iba a pedir, esperaba que no fuera uno de esos tipos controladores que buscaban llevar todo según su ritmo, pero se sorprendió cuando le pidió al mesero una botella de vino y se fue rápidamente al menú de vinos para buscar el nombre de Éclat Doré, un vino tinto de notas dulces y un aroma intenso, esa era la descripción que ponía bajo el nombre, pero los ojos se le fueron al precio que estaba aún lado y es que era demasiado ostentoso solo para una simple botella, levantó la mirada y lo escucho pedir también una tabla de quesos para acompañar el vino de esa noche. — No sería mucho para una botella de vino. — comentó en un susurro esperando no verse como una mujer ignorante. — Lila ¿Vas a presentarte mañana a la corporación? — Alexander sonrió de forma inocente cambiando el tema de forma bastante obvia. — Si, me he comprometido con mi madre para ser su rata de laboratorio y ya leí el contrato que voy a firmar mañana. — sonrió de lado dejando de lado el tema del vino. — ¿Podre verte? — ladeo la cabeza provocando que ella se riera. — Si le queda tiempo quizás podamos vernos, aunque sea para la despedida... — volteo a ver al cupido que comenzó a volar y a tocar una melodía suave — Nadie te ha pedido que pongas música. — Lila se puso algo incomoda. — Mis sistemas han detectado un aumento en la liberación de hormonas y según la red una buena melodía puede ayudar al momento de preproducción. — la respuesta de cupido hizo que ambos se pusieran rojos como un tomate por lo imprudente que fue. — Baja el volumen de la música... — pidió Alexander mientras se arreglaba la corbata — Espero que el desarrollo de Aiden cambie este tipo de cosas con los robots asistentes, algunos de ellos tienen muchos problemas con el tacto y la prudencia. — dejó escapar una risita, divertido. — Pensé que Aiden era para una sola línea, la asistencia a adultos mayores y a personas solas. — ladeo la cabeza viendo a cupido posarse sobre la barda de seguridad. — Nació con esa idea, pero Olivia tiene una visión muy amplia y ha sugerido implantar a Aiden en todos los robots asistentes como cupido. — lo señaló mientras la música seguía sonando, aunque con menos volumen. — ¿Solo tienen una inteligencia artificial? — Lila sentía curiosidad por el proyecto. — Por el momento no puedo revelar mucho, sé que no has firmado el contrato de confidencialidad y hay que cuidarse mucho de los espías corporativos. — observó hacia un lado. — Comprendo eso, espero que Aiden tenga un excelente desarrollo, el ama de llaves que mi madre llevo a casa es un verdadero dolor de cabeza, insensible y bastante cruel con sus comentarios. — Lila a veces quería meterle un batazo y tirarla a la basura por lo molesta que era. — La verdad eso solo va a depender de ti. — el comentario de Alexander la hizo sorprenderse. — Explícate mejor. — su mirada se desvió hacia un lado cuando en su campo de visión entro la imagen del mesero. El mesero se aproximó con una botella adornada con una etiqueta dorada, lo que Lila no sabía es que aquella botella había sido cuidadosamente seleccionada para la ocasión, con un movimiento fluido y preciso, vertió el vino en la copa de Alexander, liberando un aroma embriagador que llenó el aire a su alrededor, la copa de Lila también fue servida. El primer sorbo fue como una danza en su paladar, una sinfonía de sabores que despertaron sus sentidos más profundos, sus papilas gustativas fueron conquistadas por una mezcla compleja de frutas maduras, especias exóticas y matices terrosos que evocaban recuerdos olvidados, los recuerdos de la primera vez que Lila probó el vino y lo hizo en compañía de su madre justo en su cumpleaños número dieciocho. Después de que ambos hicieran la cata, fue Lila quien dio la aprobación después de que Alexander la viera fijamente con una sonrisa en los labios, era como si todo debía ser aprobado por ella para que saliera bien; el mesero sirvió la cantidad justa de vino en las copas y después acomodo la tabla de quesos en la mesa entre ambos para pasar a retirarse, fue algo curioso para Lila pues no sabía cómo iba a terminar esa velada, era mal pensada, muy desconfiada, fue imposible no pensar en que Alexander iba a buscar sacarle el provecho a todo el dinero que estaba gastando en esos momentos y no iba a ser grato, pero Lila ya estaba comenzando a idear sus posibles respuestas negativas a cualquier insinuación. Alexander por su parte no estaba pensando en nada turbio o inapropiado, mientras compartían aquella tabla de quesos le fue explicando porque el proyecto Aiden dependía de ella y de la interacción que tuvieran, fue diseñado para aprender de los sentimientos humanos, para desarrollarlos y ponerlos en práctica; a opinión de Lila era imposible que una inteligencia artificial, que a su idea era un programa de computadoras, pudiera aprender sentimientos humanos era ilógico, irreal y hasta le parecía una idea sacada de novelas de ciencia ficción.
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