Siento el viento correr a cien kilómetros por hora. Siento cómo me parte la piel, cómo me congela la punta de las orejas y cómo lleva arena hasta mis ojos. Estoy harta. Harta de este viento, de este mal clima, de todo lo que trae consigo un montón de basura que sigue acumulándose dentro de mi. Odio las tormentas. En parte las entiendo, pertenecen aquí, solo hacen lo suyo y al rato sale el sol, pero aún así las odio. Y el odio es un sentimiento muy agotador, siento que me drena la energía y la reemplaza por un par de hombros tensos y encorvados, una mueca de disgusto, un tic en el ojo derecho, una boca reseca, pastosa, una presión constante en las costillas y un sin fin de pensamientos desagradables que se inmiscuyen en cada parte de mi día, recordándome que el sentimiento sigue ahí, vivo

