Al llegar a casa nos convertimos en frenéticos desesperados, Dex me levanta en volandas sobre sus hombros como si yo no fuera mas que un bulto que no pesa nada, nos dirige hasta nuestra habitación y me lanza sobre la cama, caigo jadeando, por que a pesar que estoy enojada, indignada y abrumada por todos los eventos del día de hoy, no puedo negar que el deseo irracional que siento por Dexter no se ha apaciguado de ninguna manera. El parece un animal furioso, con sus ojos ámbar que parecen llamas infernales; se sube a la cama y rompe, si, rompe literalmente mi ropa, nunca pensé que eso fuera posible en la vida real; siempre creí que los únicos que rompen la ropa con tanta facilidad son los bailarines eróticos. Veo como desgarra lo que llevo puesto hasta que parezco una andrajosa, retira l

