Aprieto mis manos enterrando las uñas en las palmas de mis manos, toma todo de mi por no golpear a Emmet cuando saca la bala de mi costado, no contaba con que la bala estuviera allí. El ardor del alcohol no hace demorar cuando lo pasa por mis otros rasguños, no sé si alguna vez les ha pasado a ustedes que cuando sienten dolor se debilitan, eso me sucede a mí, en este momento mis piernas no dan ni un paso. Le tengo miedo al dolor, desde que tenía pocos años cree algofobia, sin embargo, al igual que mis otros traumas intento enfrentarlos. El sonido de nuestras respiraciones es lo único que se escucha en el apartamento, el dolor me ha pasado factura por lo que cierro los ojos por un par de minutos. Aun con los ojos cerrados siento su mirada furiosa sobre mí, lo que me lleva abrir los ojos en

