GIANNA Agradecía a los cielos que Alika fuera mi aliada, porque de haber sido mi enemiga le temería no tenía ni idea. Haber mencionado que Enora Saylor me robaba la tranquilidad fue suficiente para que ella se pusiera manos a la obra. Solo tuvieron que pasar dos días para que una nota rondará los periódicos y antes de que nuestra charla de té terminara, me había dicho que invitara a las nobles a tomar el té y a disfrutar de unos aperitivos, así tendría a Enora cara a cara y lista para enfrentar la humillación que se le venía encima. ¿Deseaba el trono? Pues que se preparara para lo que se le venía encima, porque nadie que deseaba lo que me pertenecía podía darse el lujo de intentar parecer engrandecida delante mía. Las mujeres de la gran corte de Alsten eran numerosas, al menos cincuen

