MAXIM Mírame, disfruta de lo que hago sentir y de lo que tu me haces sentir a mi, Maxim. Esas palabras se repetían como un eco en mi cabeza. Habían pasado un par de horas y Gianna dormía abrazada a mi cuerpo cómodamente brindándome calor. Sus manos rodeaban mi torso y su cabeza descansaba sobre mi brazo. Me había privado de esa imagen, seis años y esos mismos seis años se los había robado a ella. Verla dormir, con ese cabello platino extendido sobre la cama me causó muchos sentimientos. Alargué mi mano para apartar un mechón que se interponía entre mis ojos y la imagen casi perfecta de mi esposa durmiendo de forma casi angelical. No solo sus ojos eran bonitos, toda ella lo era. Sentirme así no era el plan, nunca lo fue. Había bajado la guardia de una forma inimaginable para mí y

