El claro del bosque estaba envuelto en un silencio extraño, no era el silencio natural de la noche, era un silencio más profundo. Un silencio que parecía surgir del propio tejido del mundo. Las hojas de los árboles permanecían inmóviles, suspendidas en el aire como si el tiempo mismo hubiese decidido detenerse para observar lo que estaba ocurriendo. Lyrianne permanecía en el centro del círculo de runas. La luz dorada que emanaba de sus alas iluminaba el bosque con una intensidad suave pero firme, como un amanecer atrapado en medio de la oscuridad, la g****a entre planos flotaba frente a ella. Pequeña, inestable, pero abierta. Desde su interior emanaba la energía azul de Aldren, latiendo con fuerza como un corazón distante que intentaba encontrar el camino de regreso. Lyrianne podía sen

