Besa mis labios con pasión y necesidad, muerdo su labio inferior con sensualidad mientras que él recorre todo mi cuerpo desnudo con sus mano; se detiene en mis pechos y sonríe. Se coloca encima de mí dejándome ver el mismo deseo en sus ojos, introduce uno de mis pechos a la boca y comienza a saborearlo haciéndome jadear; pasa su caliente lengua alrededor de mi pezón haciendo que las pequeñas protuberancias queden duras al instante, libera mi pecho izquierdo y hace lo mismo con el derecho.
Besa mis labios con suavidad mientras que frota su gran erección en mi intimidad, dejo escapar un gemido al sentirlo tan duro y él sonríe en mi boca.
Baja hasta quedar en mi intimidad para luego abrir mis piernas. Besa la parte interna de mis muslos y luego siento como sus boca se encuentra besando mis labios externos, siento un suave lametazo haciendo que un jadeo se escape de mi boca.
Comienza a chupar como un jodido profesional, da mordidas suaves en mi clítoris las cuales hacen que el placer aumente, lo tomo por el cabello logrando sentir mejor las caricias de su experimentada lengua, en cuanto siento que algo se librea dentro de mí él saborea cada parte de mis jugos, un gemido se me escapa cuando la presión en mi estómago desaparece.
—Maldita sea, Jacob —jadeo con pesadez y sus ojos viajan a mi rostro—. Haces maravillas con esa lengua —él ríe.
—Y tú, sabes delicioso —besa mis labios y de un momento a otro su mano está en mi clítoris masajeando mi centro de placer, lo cual causa que suelte un gemido en su boca.
Hago que se recueste en la cama mientras que estoy sentada encima de él sonriéndole de forma seductora; tomo las esposas que tenía en su mesa de noche, sujeto sus manos y lo esposo en la cabecera de la cama.
—¿Así que tú harás todo? —enarca una ceja sonriendo.
—Claro —sonrío seductora—. Solo disfruta —me levanto de encima de su cuerpo hasta estar delante de su enorme erección.
Paso mi lengua por la punta de su pene, abro mi boca y lo introduzco, comienzo a subir y bajar; primero de una forma suave y luego más rápido. Levanto mis ojos para verle, se mantiene con los ojos cerrados mientras puedo oír como gruñe, paso mi lengua por su m*****o hasta que llego a la punta y dedico más tiempo para juguetear.
Vuelvo a llevar su pene a mi boca dándole el mejor placer que puedo y de un momento a otro su líquido caliente llena mi boca, lo paso por mi garganta mientras él me observa; de una forma lenta relamo mis labios y él sonríe.
—Ay, nena —suspira con pesadez—. Mi pene palpita por ti —habla con voz ronca debido al deseo.
—Como no estás en aptas condiciones, vas a disfrutar del espectáculo —me observa con atención mientras me siento sobre sus caderas.
Comienzo a masajear mi clítoris de una forma lenta, él me observa atentamente; una vez que necesito aumentar la velocidad mi mano comienza a ir de una forma más rápida, cierro mis ojos y suelto pequeños gemidos. Llevo mi mano libre a mis pechos masajeándolos, mi mano está a todo lo que da y el nudo en mi estomago vuelve a formarse, siento como exploto encima de él y sonrío en cuanto siento que la erección de Jacob roza mis nalgas.
—Veo que te reactivaste —sonrío de lado.
—Quiero que me montes —murmura.
—No se diga dos veces —me acomodo sobre su pecho haciendo que mis pechos se peguen a su torso.
Estiro mi brazo hacia la mesa de noche y tomo un envoltorio plateado. Me levanto nuevamente y me coloco entre sus piernas. Abro el envoltorio con mis dedos, lo coloco en la punta de su m*****o y con mi boca lo deslizo hasta que está por completo colocado.
Camino sobre mis rodillas por la cama hasta que estoy encima de su pene, lo tomo entre mis manos y lo introduzco en mi interior. Al tenerlo por completo dentro de mí cavidad suelto un suave gemido y me quedo por un momento sin moverme. Luego de unos segundos comienzo a mover mis caderas con movimientos circulares en forma lenta para así poder torturarlo; cuando la tortura comienza para mí y necesito más velocidad comienzo a moverme de arriba hacia abajo, pero no de una forma sutil sino que de una forma brusca y rápida.
La habitación se llena de mis gemidos y sus jadeos. Mis movimientos son cada vez más rápidos hasta que estallamos en un orgasmo al unísono, dejo caer mi cuerpo sudoroso encima del suyo.
Estiro mis manos y suelto las esposas, él lleva sus manos a mis trasero y lo aprieta.
—Eso fue genial —suelta junto a una gran exhalación.
—Lo sé —suspiro levantándome de la cama.
Busco mi ropa y comienzo a vestirme, Jacob me observa con el ceño fruncido.
—¿Qué es lo que estás haciendo? —extiende sus brazos sin entender nada.
—Me voy —respondo con tono obvio. Se oye como suspira—. Solamente vine por sexo —tomo mi bolso y le observo—. Te recuerdo que tú y yo terminamos, solo nos vemos para tener sexo —salgo de su habitación sin voltear hacia él.
|| … ||
Tecleo unas últimas cosas en mi computador y guardo el archivo.
—Estoy agotada —dice Dafne sentándose a mi lado.
Río un poco y hablo.
—¿Ya fuiste a tu cita con los Darren? —asiente—. ¿Y qué tal? —no tarda en soltar un suspiro exagerado.
—Son los abuelos más aburridos de toda California —se queja—. Esa mujer no sabe ponerse de acuerdo con su esposo sobre un simple papel tapiz —sacude su cabeza indignada.
—Es lo que nos toca por haber elegido esta profesión tan difícil. Son más complejos los clientes que el decorar un espacio —ella asiente mientras pasa sus manos por su rostro.
—¡KYLIE, VEN A MI OFICINA! —Richard me grita desde su oficina.
—En un momento vuelvo, Daf —me levanto y aprieto su hombro—. No enloquezcas —camino hacia la oficina de mi jefe.
En cuanto me encuentro frente a Richard me observa.
—Tengo una cita para ti, Kylie —me entrega una dirección con lo necesario para la cita.
—¿Quién es el tal Russo? —frunzo el ceño observándolo.
—Uno de los mejores empresarios de California —abro mis ojos sorprendida—. Solicitó a lo mejor para él y esa eres tú —me señala.
—Daré lo mejor de mí —murmuro algo insegura.
—No tengo duda de eso, Ky —menciona con tono parental y le sonrío.
—¿Cuándo es la cita con Russo? —le observo.
—Es en dos horas —abro los ojos con sorpresa.
—¡¿Dos horas?! —asiente—. Esto es del otro lado de la ciudad, no llegaré a tiempo —se encoge de hombros.
—Sal ahora y tómate el resto del día —sugiere.
—¿De verdad?
—Sí —menciona con total seguridad—. Nos vemos el lunes —sonríe.
Richard es un hombre de unos cuarenta y tantos; fue mi profesor en la universidad y gracias a él estoy aquí. Sí, me contrató en su famosa empresa de diseño.
—Muchas gracias —salgo de la oficina y vuelvo a mi puesto.
Puedo ver como Dafne sigue allí sentada.
—¿Aún no llega Erick? —ella niega—. ¿Puedes prestarme tu coche?, tengo que ver a un cliente en la otra punta de la ciudad y al mío aún no lo llevo al taller —explico frustrada.
—Claro, ten —me entrega las llaves—. Luego me cuentas como te fue —me observa intimidante.
—Lo haré —asiento—. Gracias, Daf —salgo lo más deprisa hasta el coche de mi mejor amiga.
En cuanto me introduzco dentro del coche enciendo la radio, coloco la dirección en el GPS y comienzo mi viaje por la carretera.
El viaje dura aproximadamente una hora y media. En cuanto estaba por llegar pude ver que se volvía cada vez más desolado.
En el momento que el GPS me dice que he llegado a mi destino pude sentir mi mandíbula llegar al piso. Era un palacio, eso no era una casa ni una mansión, era un maldito palacio: afuera habían unos enormes portones negros con detalles elegantes en dorado, en la parte delantera se podían ver varias estatuas blancas con algún que otro toque dorado, unos arbustos también preciosos, una fuente que enamoraba con tan solo verla. En fin, un arbusto de esos cuesta más que lo que recibo como sueldo.
—¿Quién es usted? —me sobresalto al oír una voz a mi costado y puedo ver que hay una mujer morena.
—Soy Kylie Jones, la diseñadora —menciono firme.
—Baje del coche y sígame —asiento.
Tomo las cosas que necesitaré y bajo del coche de mi amiga.
El camino por el cual avanzamos está decorado con unas delicadas piedrecillas blancas, y a los costados de éste hay unos pequeños arbustos con flores rojas.
—¿Qué será lo que deba rediseñar? —me dirijo a la mujer quien camina delante de mí—. Se ve todo hermoso como para tocar algo —ella ríe.
—No deberá tocar nada de la estructura externa —abre las puertas del palacio y es aún más alucinante por dentro que por fuera.
Un enorme hombre fornido de aspecto serio y unas gafas negras nos detiene el paso.
—Tiene cita con Russo —habla la mujer a mi lado y él gorila voltea su rostro hacia mí. Me tenso al no saber que es lo que está observando en específico—. Es la diseñadora que el señor pidió —él asiente y nos deja paso.
—Está arriba —su voz es totalmente escalofriante.
—Vamos, chica —menciona la mujer y comienza a caminar.
En el trayecto hacia la planta alta no pierdo la oportunidad de admirar la belleza de este lugar. Tiene un toque rústico y vintage, sus paredes poseen unas hermosas paletas de tonos cálidos, los cuadros que hay son unas perfectas obras de arte, hasta la basura que pudiese haber en el suelo es arte aquí.
Hemos subido dos pisos de escaleras y siento que los tacones se me están insertando en la piel de los talones. La mujer se detiene frente a una doble y gran puerta de color n***o, la observo sin entender y su rostro no expresa absolutamente nada. Supongo que éste es el lugar, así que abro la puerta y veo una silla de espaldas a la entrada.
—Suerte —susurra—. Señor Russo, la chica acaba de llegar —informa ella.
Hace una seña con sus dedos para que pase a la habitación pero me quedo allí de pie sin saber que hacer, hasta que, la chica me da un empujón y cierra la puerta detrás de mí.
Me dedico a analizar la estancia; tiene tonos neutros que con la combinación que posee inspira un aspecto de soberbia y arrogancia total pero se ve bastante limpio. Es algo amplio pero se siente acogedor, creo que es un despacho con biblioteca incluida.
—Nunca creí que alguien analizaría más un despacho antes que a la persona que tiene delante —una voz grave y arrogante llega a mis oídos.
Siento como mis piernas tiemblan ante su voz y mi mirada viaja hacia el dueño de la misma.
Tiene los ojos cafés, como si se tratase de un café totalmente amargo, bueno, de esa forma. Su mandíbula perfectamente marcada, barba que se nota es de unos pocos días y unos labios completamente apetecibles.
Veo una mano extendida delante de mí.
—Soy Bruno Russo —le veo sonreír de lado. Es más que obvio que notó la forma en la que le analizaba y con nerviosismo estrecho su mano entre la mía—. Un placer tenerte aquí —lleva mi mano hacia sus labios y estos rozan mis nudillos, en ese preciso instante algo extraño recorre mi espina dorsal.
Mi boca se siente seca, paso la lengua por mis labios para mojarlos y poder hablar.
—Yo soy Kylie Jones —oculto el escalofrío que recorrió mi cuerpo en cuanto mi piel hizo contacto con la suya.
Señala el sofá n***o que hay en una esquina de la estancia y voy hacia allí para luego sentarme. Él toma asiento a mi lado, coloca sus manos sobre sus muslos y uno de sus dedos roza mi pierna desnuda, una corriente eléctrica recorre mi espina dorsal.
*Esta será una difícil tarde.*
Suspiro para mis adentros y paso a dejar mi bolso a mi lado.
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¡Holaaa!
Aquí les dejo el primer capítulo, espero que les guste esta nueva aventura.
Los quiero mucho ❤️