Epílogo Todos los empleados y personas vinculadas con la Asociación Monte Fuji se habían reunido en la sala, que para poder contener a la treintena de personas había sido ampliada removiendo un panel de yeso que funcionaba como una de sus paredes. No había asientos para todos y el mismo director Matsumoto permanecía de pie por su propia decisión. Shinzo Watanabe se hallaba sentado en la primera fila, aun convaleciente de sus heridas. Los rostros exhibían gestos sombríos por los asesinatos del instructor Yoshida y el encargado de la vigilancia en la planta baja y retratos de ambos habían sido situados en la larga mesa colocada frente a la pantalla en la que pronto iba a proyectarse la imagen de los colegas de Tokio. Aiko observó al director; comprendió de inmediato su gesto de tristeza i

