~Capítulo 8~

3584 Palabras
Dasha   Cuando Gael me dijo que conocería a un mega chef, el cual prepararía una estupenda cena para mí, jamás pensé que se estaba refiriendo a sí mismo.   Aquí estábamos, en su hermoso pent-house escuchando una canción en italiano, a pedido mío, y charlando en su balcón mientras bebíamos un exquisito vino blanco y comíamos su preparación. Debo admitir que cocina estupendo.   —Las vistas que tiene esta ciudad son perfectas.—comento elevando mi rostro hacia el cielo y luego a los altos edificios iluminados.   —Concuerdo contigo.—dice, y lleva el tenedor con comida a su boca. Me obligo a apartar mis ojos de sus labios cuando la mente me juega una mala pasada.   «Céntrate, Dasha» Me digo a mí misma.   —¿Sucede algo? ¿No te gustó la cena?—pregunta al verme sacudiendo la cabeza.   —Eh, estaba pensando en otra cosa.—respondo sonriendo.—La comida está muy deliciosa.   —Propongo que brindemos por nosotros.—alza su copa y yo copio su acción un tanto aturdida.—Me alegra haberte conocido.   —Salud.—choco mi copa con la suya y le doy un sorbo largo.   Continuamos cenando en un silencio agradable, mientras oímos la lenta canción de fondo acompañada por el sonido de la ciudad nocturna.   Pienso en lo que me dijo Celine respecto a Gael. Debo mostrar interés si quiero que caiga ante mí, hacerle ver que me gusta porque si ando con rodeos puede que él pierda interés en mí. Aunque no sabría exactamente qué hacer o decir. Es la primera vez que me propongo conquistar a alguien con el fin de estafarlo. No debe ser complicado, ¿no? Los hombres en general son… fáciles de descifrar, muy normales. Así que Gael no es la excepción. Únicamente tengo que sacar a flote mis encantos y ya está.   —Así que…—me aclaro la garganta.—¿Qué se siente tener tanto éxito? Estás expandiendo tus casinos a otros países.—comento.   —Es… un poco agotador. Crece el negocio pero también crece la responsabilidad.—dice, y se limpia la boca con la servilleta. Es un movimiento que no se me pasa.—Es un logro también, hacer que otros países se sientan atraídos es fantástico.   —Te felicito.   —Bueno, tú no te quedas atrás. En Rusia eres la número uno, tus casinos son los más frecuentados y el Hotel más novedoso es el tuyo. Fuiste muy creativa a la hora de agregarle un restaurante marítimo, ¡eso fue una genialidad! ¡Y el helipuerto en lo más alto…! —exclama maravillado.—Sólo a una mente brillante se le ocurren esas ideas. Y aquí serás de mucha ayuda, lo sé. Tienes ideas muy innovadoras, tienes astucia, esa inteligencia a la hora de tomar decisiones y llegarle a la gente.—comenta con admiración.—Lo has hecho tú sola, eso es admirable. Yo conté con la ayuda de mi padre, y de mis amigos… pero tú..—se calla y me observa.   Trato de forzar una sonrisa al sentir su mirada en mí. Obviamente no sabe nada sobre mi familia, pero percibo que me está estudiando demasiado y eso no me gusta.   —No sé nada sobre ti. Bueno, nadie lo sabe.—dice interesado.—¿Por qué?   —¿Qué deseas saber? Soy una mujer reservada.—respondo con tranquilidad.   —Es que me genera curiosidad. No sé, tu vida personal es un misterio.   —El que mantenga mi vida personal en las sombras, no tiene nada de malo. Las personas deben interesarse en mí como mujer de negocios, no en mi vida privada.—suelto con seriedad.   —Hay personas que tienen curiosidad…   —Pues no deberían tenerla.—lo interrumpo.—¿Qué caso tiene contarle a todo el mundo sobre mi familia? ¿Cambiaría algo si lo hago?   —Quizás sí, podrían verte de otra manera.   —Pues me verían con lástima.—inquiero.   Él guarda silencio y yo suelto un suspiro. La mención de mi familia me pone de mal humor, y eso no me gusta en lo más mínimo.   —¿Lástima?—murmura.   —Sí, Gael, lástima. ¿Creías que mi vida era como un cuento de hadas? Pues no. —dejo los cubiertos a un lado de mal humor.—Hay personas que tienen una familia que no quieren tener, pero así es la vida, es lo que toca. Desgraciadamente mi vida personal apesta, pero la gente no ve eso. No. Todos creen que detrás de ésta mujer fuerte, independiente, maravillosa y talentosa, hay una familia orgullosa que la respalda… Y es todo lo contrario. No tengo familia. Mi madre murió hace muchos años y a mi padre y hermano se los tragó la tierra. Salí adelante sola, como pude, y ahora soy esto que ves aquí frente a ti.—espeto de mala gana.   Él guarda silencio, algo incómodo. Y yo, decido terminar el contenido de mi copa.   —Lo lamento.—dice en voz baja.   —No lo hagas. Si no lo lamento yo, tú menos.—aclaro.   —En verdad creía que tenías una buena familia.—dice.—Jamás me imaginé que estabas sola.   —Prefiero estar sola en vez de tener personas que no me suman, ¿sabes? Mi familia era un asco, y agradezco que no estén conmigo, porque quizás con ellos a mi lado no hubiese llegado hasta donde llegué.—reflexiono.   —Es cierto.—concuerda.—Pero tienes a tu prima. Y se nota que te aprecia, te apoya más allá de que no le gustan los casinos.   Yo me río. Celine… si supiera.   —Sí, la tengo a ella.   —Se nota que son muy unidas.—dice ladeando la cabeza.   —Lo somos. Nos llevamos muy bien… es lo único bueno que tengo.—miento.   —Ahora me tienes a mí. Y aquí estaré siempre que me necesites.—me deja en claro.—Puedes confiar, Dasha.   —Gracias. Eso me gusta mucho.—le guiño un ojo.—Oh, parece que el vino de terminó.—comento entre risas y levanto la botella.—¿Tienes más?   Él se ríe y se pone de pie.   —Tengo, espérame aquí que ya traigo otra.—me informa con aire divertido.   Se va en dirección a la cocina y yo aprovecho para abrir mi cartera y tomar el pequeño frasco de contenido líquido. Agrego unas cuantas gotas para dormir en su bebida y balanceo un poco el vaso para que todo se revuelva.   Guardo todo con rapidez y actúo con disimulo cuando Gael aparece nuevamente con la botella en mano.   —Aquí está.—anuncia tomando asiento, y comienza a llenar mi copa.   —Ese vino es delicioso.—comento , aceptando la copa llena.—Hagamos otro brindis—propongo.   —Y por qué brindamos?—pregunta con calma, mientras apoya sus antebrazos en la mesa.   —Hmm… ¿por ésta bella cena?—propongo sin dejar de sonreír.   La música cambia de repente y comienza a sonar Photograph, de Ed Sheeran. Una canción hermosa, con una letra tan profunda.   Y el ambiente se ha tornado un poco… romántico podría decirse.   —Por ésta bella cena, entonces.—dice él, elevando su copa.   Brindamos y yo bebo todo el contenido. Él también lo hace, bajo mi atenta mirada.   —¿Bailamos?—me pregunta, mientras se pone de pie y extiende su mano en mi dirección.   Sería muy descortés rechazar a semejante hombre, y con semejante canción de fondo. Me pongo de pie, decidida, y me tambaleo un poco pero alcanzo a sostenerme de Gael que me agarra y envuelve sus brazos alrededor de mi cintura. Yo paso mis brazos alrededor de su nuca e inhalo su exquisito perfume.   —Me encanta esa canción.—murmuro con los ojos cerrados.   —¿Sí? Pensé que no te gustaban las lentas, mucho menos las románticas.—dice con algo de sorpresa.   —Ya ves… no todo lo que brilla es oro.   —Es cierto. Aunque mirándote con atención sé que eres oro.—afirma en voz baja. Toma mi mano y me hace girar sobre mi propio eje, y termino de espalda a él.—Muy hermosa, brillante…—murmura en mi oreja.   Mi espalda descansa en su pecho, al igual que mi cabeza. Y nuestras manos permanecen unas sobre las otras apoyadas en mi abdomen. Nos balanceamos con lentitud, siguiendo el la canción de fondo. Lo escucho murmurar la letra por lo bajo, arrastrando las palabras un poco, seguido de su risa ronca.   Vuelvo a girar y quedo frente a él. Me regala una sonrisa de dientes perfectos y me abraza con fuerza, tomándome desprevenida. Es un gesto que me transmite cariño y ternura, algo que no tengo desde… nunca.   —¿El alcohol hace que salga a la luz tu faceta romántica?—pregunto con diversión, sin corresponder a su abrazo.   —Un poquito…—responde alegre.—Uff, qué calor hace.—dice alejándose un poco. Se quita la camisa con rapidez y la tira al suelo.   —Qué lindos músculos.—comento, apreciando su torso desnudo y bien trabajado.   —Oh, gracias.—me agradece.—¿Tú no tienes calor? Creo que el ambiente está como sofocante.—se queja.   —¿Quieres más vino para bajar el calor?—me acerco a la mesa y empiezo a llenar nuevamente las copas.   «¿Cuándo te piensas dormir, Gael?» Maldigo internamente.   Me sobresalto al sentir sus brazos rodearme nuevamente por la espalda. Me besa el cuello con ternura y una de las copas se me cae al suelo por su contacto delicado sobre mi piel. Eso me desestabiliza.   «Mente fría, mente fría» Me repito.   Me quita la otra copa con delicadeza y la deja sobre la mesa. Me gira hacia él, quedando enfrentados y noto que su frente está levemente sudada.   «¡Voy a matarte, Celine! Estúpidas gotas que no sirvieron para nada!» Grito en mi mente.   Las manos de Gael suben por mis brazos, y se detienen a cada lado de mi rostro. Me mira con tanta intensidad que me deja la mente en blanco. Se ve tan atractivo frente a mí, a medio vestir, y me abofeteo internamente por pensar cosas que no debo pensar.   Pero bueno, a veces no está mal darse un gustito, ¿no? Dejarse llevar por la tentación, y más cuando dicha tentación lleva el nombre de Gael Moore.   Siento sus labios tibios sobre los míos, y ese simple tacto me hace cerrar los ojos como acto reflejo. Le rodeo los hombros con mis brazos, profundizando el beso y él no tarda en corresponder con más intensidad. Su boca y la mía danzan contra la otra de manera frenética, queriendo más.   La habitación se torna caliente, y la música no deja de sonar de fondo dándole un aura más íntima y romántica a la situación.   Gael me quita la blusa que llevo y la lanza al suelo, sin apartar su boca de la mía. Yo aprovecho para desprender su cinturón. Avanzamos entre tropiezos hacia su habitación, donde lo empujo hacia la cama. Cae de espaldas y se muerde el labio cuando ve que procedo a quitarme la falda.   De repente noto que su expresión cambia, así que me dejo la falda en su lugar y me acerco a Gael con sutileza.   —¿Te encuentras bien?—le pregunto gateando hasta llegar a él.   —Me dio sueño.—dice y se ríe.—La cabeza me da vueltas también…—murmura desorientado.   «Así que funcionó, después de todo» Me felicito.   —Oh, bueno, recuéstate un poco.—le digo mientras pongo una mano en su pecho y lo empujo para que se acueste.   —Sí, creo que… un ratito no me hará mal.—concuerda y apoya su cabeza en la almohada.—Una mini siesta, ¿bien? Me llamas en un rato. No te vayas.—cierra un poco sus ojos y murmura otras cosas que no le entiendo.   Inspecciono toda la habitación y luego vuelvo a mirarlo a él. Se da la vuelta, quedando boca abajo y flexiona un brazo para dejarlo a un lado de su cabeza.   Los segundos pasan y Gael empieza a roncar.   —¿Gael?—murmuro acercándome.—Oye…—lo llamo.   Está profundamente dormido.   Me pongo de pie y agarro mi blusa. Luego tomo mi teléfono móvil de la mesa y marco el número de Celine   —¿Funcionaron las gotas?—dice de inmediato.—Pensé que estarían vencidas o algo así.   —Pensé lo mismo, pero sí se durmió.—volteo a verlo.—Entra ya.   El elevador emite un sonido y las puertas se abren mostrando a Celine con el teléfono en la oreja y una mochila tras su espalda. Me sonríe y se acerca a mí con rapidez.   —¿Por qué estabas subiendo con mi permiso?—le recrimino.   —Pensé que el elevador me traería al pasillo, como un elevador normal lo haría. No pensé que éste venía directo a su habitación.—murmura por lo bajo.   —Es uno de los mejores pent-house se la ciudad, obviamente tiene todas las comodidades.—inquiero.   —Sí, ya veo…—concuerda, observando todo.—Qué envidia me da. Mira esas vistas.—señala el gran ventanal.—Carajo. Así me pasaría encerrada todo el día.   —A lo que viniste.—le recuerdo con impaciencia.   —¿Y dónde está el galán? Tienes la ropa arrugada y la cara colorada… ¿Tuvieron sexo?—indaga con picardía.   —Por supuesto que no.—espeto.—Sí lo tuve que entretener hasta que esa porquería hiciera efecto.   —¿Y de qué manera lo entretuviste? —entrecierra sus ojos en mi dirección.—Sé que aprovechaste la oportunidad para mandarle mano.   —No te pago para husmear en mi vida.—le recuerdo.   Levanta sus manos en señal de rendición y se encamina a la habitación. Cuando ve a Gael boca abajo se gira con lentitud hacia mí y eleva ambos pulgares.   —Qué espalda—dice sin pudor.—Espero que lo hayas aprovechado bien, porque de lo contrario te voy a golpear por desperdiciar semejante banquete.—susurra.   Comienza a poner cámaras y micrófonos súper pequeños en diferentes puntos de la habitación, conecta cables de aquí para allá y corta otros con una pinza mientras se encarga de que todo quede perfectamente escondido.   Yo aprovecho para revisar los cajones de su escritorio, en busca de los documentos sobre sus casinos extranjeros. Ya que Celine está negada a conquistar a Demian, no me queda de otra más que averiguar por mis propios medios sobre los demás casinos y contactos que tiene.   Los documentos que encuentro no dicen nada que no sepa, al ser socia de los casinos tengo acceso a cierta información, como todos los demás socios, pero un jefe siempre tiene algunas cosas que se guarda para sí mismo. Imagino que Gael guarda ese tipo de documentos aquí en su hogar. Pero lo que leo no contiene nada novedoso.   Guardo todo en su respectivo cajón, y avanzo hacia la sala para continuar revisando todo: detrás de los cuadros, buscando posibles cajas fuertes u otros escondites, en los muebles, pero no hay nada que me llame la atención.   —¿Dónde está el teléfono móvil del galán?—me pregunta Celine a mi espalda.—Debemos ponerle el pequeño dispositivo para poder espiar sus conversaciones en tiempo real. Así sabremos con quién habla y qué dice.—me recuerda, enseñándome la pequeña tarjeta.   Detengo la búsqueda fallida de documentos relevantes y le entrego el aparato a Celine para que lo desarme y le introduzca la tarjeta espía.   —Las cámaras ya fueron instaladas, pondré otro par por aquí y estaría todo listo. El micrófono también está escondido.—me informa.   —Bien, date prisa.   Dejo el teléfono móvil de Gael a un lado y observo a Celine que se mueve de aquí para allá, buscando los mejores ángulos para poner las cámaras y los micrófonos que faltan. Tiene destreza a la hora de armar y desarmar los pequeños aparatos, como si lo hubiera hecho mucho tiempo, casi rutinario.   Al observar toda la sala con atención, mis ojos se detienen en un mueble al lado del elevador. Hay una carpeta allí. Con el ceño fruncido me acerco y la abro de inmediato.   —Así que por esto te acercaste a Gael, Nora…—murmuro sin dejar de leer las hojas.—Mira nada más…   Paso las hojas leyendo todo por arriba, para tener una vaga idea de lo que trata, y algunas cosas hacen ruido en mi cabeza.   Me dirijo a la mesa donde está mi cartera y guardo la carpeta allí, bajo la mirada de Celine.   —¿Qué haces?   —Nada. ¿Terminaste con eso?—le pregunto.   —Sí, ya está todo.—asiente.   —Bien, vámonos.—chasqueo los dedos.   —¿No te vas a quedar?—cuestiona.   —No, ¿por qué lo haría?—tomo mi cartera y me dirijo al elevador.   —No sé, pensé que sería lo correcto. ¿Qué dirá cuándo se despierte?—piensa.   —No me interesa. Seguramente no se acordará de nada mañana—me encojo de hombros.—Además, lo peor que puede pasar es que piense que me arrepiento de haberme “acostado” con él y por eso decidí irme.—ruedo los ojos y presiono el botón.   —Tienes razón. No se acordará. —concuerda.—Me llevaré esto.—toma la botella de vino que descansa sobre la mesa y le da un trago.—Uy, se nota cuando la bebida es cara, qué delicia.   Se une a mí y ambas ingresamos al elevador privado. Las puertas se cierran delante nuestro y Celine me tiende la botella, la cual acepto y le doy un trago.   Nora tiene intenciones de vender el hotel de su padre, y el principal comprador es Gael Moore. Por esa razón ella estaba empeñada en querer que él la acompañara hoy para disolver esos asuntos. Es una exageración la cantidad que pide, teniendo en cuenta que ese hotel no tiene ni la mitad de la atención que tenía antes. Además, no está en tan buenas condiciones como lo hace parecer. Entonces, si Gael hace esa inversión estaría perdiendo más de lo que ha invertido en esa porquería. Si él pierde, los demás, o sea sus socios, también. Porque esa propiedad no la compraría Gael Moore, sino G&D Company. Lo que nos involucra a todos.   No puedo permitir que pase eso.   —¿Qué guardaste en tu cartera?—vuelve a preguntar Celine.   —Algo que es importante para mí, pero no para ti.—respondo.   Las puertas vuelven a abrirse y ambas salimos. Ella vuelve a empinarse la botella y camina como si nada a mi lado, ignorando a las personas que la miran raro por llevar una botella de alcohol bajo el brazo.   —¿Qué piensas hacer con Khan?—pregunta.   —Tengo varios trabajos para él.—pienso.—Por lo pronto, tú lo vas a mantener vigilado.   —¿Yo? ¿Y eso por qué?   —Porque, por ahora, no te necesito conmigo. Entonces seguirás a Khan a todos lados, y me vas a informar cada cosa que haga o a cada lugar que se dirija.—le ordeno.   —No lo entiendo, ¿crees que él te va a traicionar?—me pregunta algo confundida.   —Me sorprendería si no lo hace.—inquiero.   Llegamos hasta nuestro vehículo y Elías nos abre la puerta trasera.   —Buenas noches, señorita Kuznetsov.—me saluda con alegría, como siempre.   —¿Boris está con Khan?—le pregunto mientras subo al asiento trasero.   —Eh, sí, pero…—murmura él algo indeciso.   —¿Qué pasó? Habla.   Él enciende el vehículo y lo pone en marcha, en dirección a la mansión.   —Yo los intenté separar, en serio. Pero ellos tienen mucha fuerza, y estaban enojados.—intenta explicarme.   —¡Eso no fue lo que te pregunté!—suelto.   —Boris y Khan se agarraron a golpes.—dice, soltando una exhalación.—Fueron solamente un par de golpes, porque con los de seguridad logramos separarlos.   —¿Y por qué mierda se pelearon?—cuestiono con enfado.   —Pues, eso es bastante obvio.—se entromete Celine.   Me giro para mirarla.   —Seguramente se pelearon por ti, mujer.—me dice.   —Eso mismo.—concuerda Elías.—Fue por usted. Al parecer, Boris no estaba muy contento con la presencia de ese hombre en la mansión. Empezaron a gritarse y terminaron a los golpes.—ladea la cabeza sin apartar los ojos del camino.   —Par de estúpidos, eso son. —suelto.—Me van a oír.   —¿Y qué vas a hacer? ¿Golpearlos también?—inquiere Celine con burla.   —Si es necesario sí. Los dos tienen que entender que no pueden hacer esas estupideces, no bajo mi techo y bajo mis condiciones. Esto no es una maldita guardería como para que anden ahí haciendo tonterías y luego venga alguien a separarlos y reprenderlos.—zanjo.  
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