El ambiente en la sala de parto está lleno de tensión y de nerviosismo las luces blancas y brillantes del techo reflejan la ansiedad en los rostros de todos los presentes Lilith está acostada en la camilla, sudorosa, con el rostro pálido y la respiración entrecortada por el dolor de las contracciones y agitada después de haber traído a su primer hijo al mundo su cabello se le pega a la frente, pero sus ojos brillan con una mezcla de agotamiento y determinación a su lado, Elias está de pie, con una mano en la de Lilith, apretándola con fuerza su rostro muestra preocupación, pero la serenidad en su mirada es todo lo que Lilith necesita en ese momento ha sido un parto largo, la espera ha sido interminable, y el dolor parece multiplicarse con cada ola de contracción sin embargo, la presencia d

