Intentando concentrarse en los documentos que tenía frente a él en su computadora, Maxwell alzó una mano y tiró del cuello tortuga de su suéter. Cuando el movimiento se volvió algo constante, Max simplemente se quitó su chaqueta de cuero y la acomodó en el respaldar de su asiento. Sintiéndose mucho más cómodo, el hombre lobo siguió con su trabajo, deseoso por terminar pronto para poder volver a casa con su dulce elegido, en donde le haría probarse el nuevo conjunto de braguitas que había comprado especialmente para él y luego de tomarle muchas fotos comprometedoras, llenaría con su polla ese dulce culito. Golpeando las suficientes veces en este como para que sus mejillas quedasen sonrojadas y ese agujero se desborde con su semilla. El tan solo pensar en aquello le arrancó un bajo y profu

