Melissa Hansen Desperté con una sensación de calidez que me envolvía por completo. Aún sin abrir los ojos, me sentía cómoda, acunada en una suavidad que no recordaba haber buscado. Poco a poco fui tomando conciencia y, cuando finalmente abrí los ojos, me di cuenta de que estaba en mi cama. ¿Cómo llegué aquí? Sonreí, porque la respuesta era obvia: Dante. La imagen de él cargándome con cuidado hasta la habitación hizo que mi corazón se encogiera un poco. No porque me sintiera débil o dependiente, sino porque… simplemente nunca antes me había sentido tan cuidada. A lo largo de mi vida, había aprendido a ser autosuficiente, a no esperar nada de nadie. Pero estos dos días desde su regreso, la forma en que me había atendido, cómo se había asegurado de que estuviera bien, ademas el hecho de q

