Melissa Hansen Abro los ojos y como cada mañana, agradezco al destino por regalarme un día más junto a Dante. Hoy no es un día cualquiera, es San Valentín, la fecha en la que el amor y la pasión se celebran en cada rincón del mundo. La melancolía que me envolvió ayer parece haberse disipado con la luz de este nuevo amanecer. Suspiro con una renovada energía mientras mis ojos encuentran a Dante, quien ya sale del baño, impecable, vistiendo un traje gris claro que resalta el verde hipnótico de sus ojos. Decido consentirlo como se merece y preparo un café humeante acompañado de un desayuno nutritivo: pan integral tostado, fruta fresca y un toque de miel, porque, aunque él sea un hombre fuerte y dominante, también tiene su lado dulce (aunque jure que no). Dante se acerca con esa seguridad

