Me encontré con Armin más tarde, en la costanera de Manhattan. Él me esperaba con un café, aquella noche estaba demasiado fría. Nos sentamos en unos de los bancos que hay en el parque y él miraba a la nada. Parecía estar perdido en sus propios pensamientos. —¿Sucede algo? —pregunté, tocando su mano. Parecía que él hubiese vuelto a la realidad. —Sí, creo que sí sucede algo —respondió—. He descubierto algo que me descolocó completamente. Estaba lista para que me dijera la verdad sobre su padre. Lista para el ataque. Era rara la forma de amar de Armin, parecía un primerizo, alguien que nunca amó a nadie. Era rara en el sentido de que me tenía atraída completamente, y a pesar de las confesiones de Dixon, algo me decía que Armin en realidad era alguien bueno. Comencé a temblar del nervio

