Dos días después, en la universidad, el campus estaba animado como siempre, pero una sensación de inquietud parecía colarse entre los pasillos. Los estudiantes, tan enfocados en sus propios asuntos, no dejaban de murmurar sobre lo sucedido entre Héctor y Sofía, pero el silencio de ambos era el que más llamaba la atención. Sofía se movía de un lado a otro con la mirada fija en el suelo, como si la presión de las miradas de los demás fuera un peso insoportable. Sin embargo, había algo que la mantenía intranquila: la desaparición de Héctor. No lo había visto en días, y eso le carcomía la mente. Isabella estaba sentada en una de las bancas del jardín, distraída en sus pensamientos. Su rostro, reflejaba una tristeza y soledad palpable, como si algo estuviera apretando su pecho. A medida que la

