—¿Me escribes? —preguntó ella con su voz tímida. Demono pudo responder a su pregunta. Sólo la acercó a él y dejó un beso en su frente, era como si pensara despedirse de ella. —Cuidate mi bella —susurro Daemon en su oído. Isabella se despidió con la mano y caminó hasta el ascensor. Daemon cerró la puerta tras Isabella y permaneció de pie en la entrada, con la mente aún agitada. Sus ojos oscuros se cerraron mientras recordaba el teléfono de Isabella, donde aún resonaba la imagen del hombre al otro lado de la llamada. Un escalofrío recorrió su espalda. Con pasos firmes, se dirigió a su estudio, asegurándose de cerrar la puerta con llave detrás de él. Solo allí, en la soledad de su refugio, se permitió mostrar su verdadera inquietud. Frente al espejo, exhaló con pesadez y llevó las ma

