Capitulo 43

1827 Palabras

La tensión en la casa era densa, casi tangible. Héctor y Gael apenas se dirigían la palabra desde su enfrentamiento en el estacionamiento. El aire entre ellos estaba cargado de una furia contenida, como una tormenta al borde de desatarse. La mansión de los Arango, normalmente un refugio de calidez y unión, ahora se sentía como un campo de batalla silencioso. Cataleya observaba a su hijo desde la puerta de la sala. Gael estaba sentado en un sillón de cuero n***o, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza inclinada hacia adelante. Sus dedos tamborileaban contra su muslo en un ritmo errático, su mandíbula estaba tensa y sus ojos, fijos en un punto invisible en la alfombra, reflejaban un torbellino de pensamientos oscuros. A su lado, Héctor permanecía de pie, con los brazos cruzados

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