PRÓLOGO Reina Celene de Alera, celda de la prisión, ubicación desconocida Supe por las veloces y enfadadas pisadas de las botas de mi captor sobre el liso y metálico suelo que algo había sucedido. Algo que haría que sus alaridos y desvaríos habituales parecieran burdos en comparación. —Abre la puerta. —El rugido a través de la gruesa capa de metal fue más fuerte de lo habitual. Su orden fue obedecida al instante, pero ni la velocidad de los dos guardias que él había apostado fuera de la puerta fue suficiente, y vi cómo los golpeó repetidamente con un flagelador eléctrico por haber sido demasiado lentos. Los dos alienígenas, cuya r**a no pude determinar, se estremecieron, aunque no emitieron sonido alguno. Al igual que yo, ambos eran prisioneros. Tal vez eran mucho más que eso, ya que

