Ese día de la exposición, había llegado a mi casa cansada, sorpresivamente no me encontré ni con Cristal ni con la nana, ellas habían salido, Antonio estaba de nuevo en la ciudad y les pidió verse en otro lugar que no fuera mi casa. Supe de la propuesta que le había hecho Antonio a Cristal de volver a Sao paulo a vivir con el, pero ella le respondió con un rotundo no, mi madre ya la había inscripto en la escuela, y de apoco se estaba adaptando a la tranquilidad de Leblon. Cristal y yo hicimos de nuestro refugio el mirador de la playa de Leblon, ahí íbamos para liberarnos de nuestras locuras, pero yo últimamente, me había alejado de esos disfrutes. Adelaida me preparó una rica merienda, decidí tomarla en la terraza, y una vez mas al lado de mi piscina, la compañera de mis soledades. En

