CAPÍTULO VII Cuando el tren salió de la estación de Hoyes, en dirección de la capital, empezó a aumentar de velocidad. Zena miró a Kendrick, a través del vagón, y comprendió que estaba tan preocupado como ella. Cuando el día anterior había llegado un enviado especial del Palacio ordenándoles regresar en el acto, no encontraban razón que explicara la orden de su padre, a menos que fuera la que los tenía alarmados. Tan pronto como estuvo a solas con Kendrick, Zena le preguntó: —¿Crees que papá se haya enterado de que fuimos a París? ¿Quién pudo habérselo dicho? —¡Sólo Dios lo sabe! Pero, tal vez ésa no sea la razón por la que nos mandó llamar. —¿Cuál otra puede ser? ¿Por qué tanta prisa? —No lo sé— confesó Kendrick. Fue entonces que Zena dijo a su hermano el secreto que había guarda

