-. Amor que bueno que llegaste. -. Le expreso a mi esposo al recibirlo después del trabajo.
-. Estoy cansado, ¿Has hecho la cena ya? -. Me pregunta dejando todo lo que traía con él sobre el sofá de la sala y caminando directo a la mesa para cenar.
-. Si ya está todo listo -. Respondo y voy detrás de él dirigiéndome a la cocina a servir su comida. - ¿Cuéntame que tal te fue en el trabajo hoy? -. Pregunto tratando de sacar conversación y que sepa que me interesan sus cosas como buena esposa que soy.
-. Ha sido un día agotador, estuve de aquí para allá. - me responde mientras con sus puños frota sus ojos como niño chiquito.
-. Bueno, entonces cenas, te das una ducha y te cuestas a descansar -. Le indico mientras coloco el plato con comida frente a él y fue un gran error.
-. ¿Y quién eres tú para decirme lo que debo hacer? ¿Acaso soy tu títere para hacer lo que te dé la gana cuando te dé la gana? Yo voy a hacer lo que quiera y voy a ver las noticias antes y unos asuntos que tengo pendiente del trabajo. -. Me asegura mientras toma mi mano fuertemente por la muñeca haciéndome daño.
-. Si amor lo que tú digas. -. Le respondo rápido y con miedo haciendo que él me suelte, me siento frente a él y empiezo a cenar en completo silencio, mi esposo nunca ha llegado a pegarme, pero en ocasiones como está en las que está estresado me trata como lo ha hecho en estos momentos y yo lo entiendo, tiene todo el peso de los gastos sobre sus hombros.
Lo veo como come y me pongo a pensar, al principio de nuestra relación él no era así, era el hombre más cariñoso que podía existir, me trataba bien y me hacía sentir especial, me sentía viviendo en una nube de amor, pero luego de 5 años de matrimonio, creo que por la presión de los gastos y las deudas han cambiado su temperamento a este que es hoy en día, y no, no es que no sea cariñoso o haya dejado de demostrar que me ama, solo que creo que las muestras de cariños han bajado de intensidad y a veces colapsa y explota alzando un poco la voz, pero luego se arrepiente y me pide perdón.
Siempre ha sido él, el que ha trabajado mientras yo me dedicaba al hogar, ya que no contaba con ninguna carrera universitaria y porque él me decía que no era necesario que yo trabajara, que él podía solventar todo, que mis manos de reina no deberían realizar labores para otra persona. Pero un día decidí y sin que se diera cuenta mi esposo, empezar a estudiar vía online, así he sacado una carrera, ya dentro de poco tendré mi título y podré conseguir el empleo que necesito para ayudar en casa, quiero que mi esposo pueda relajarse y salir de deudas y así volver a ser lo que fuimos.
Me case con Gerardo a los 25 años, antes de depender de mi esposo dependía de mi padre, mi progenitor, aunque yo quisiera no me dejaba hacer nada, decía que yo era la niña de sus ojos y no dejaría que mis delicadas manos supieran lo que era trabajar, pero un día, después de estar en el centro comercial con las que yo creían eran mis amigas y llegar a casa encuentro una ambulancia en frente. Recuerdo ese día, por qué fue el día que todo cambio, que mi vida cambio, el día que mi mundo se vino abajo.
-. ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué está pasando? -. Pregunto cuando ingreso a mi casa y veo como están colocando a mi padre en una camilla -. ¿Mamá que es lo que pasa? ¿Qué le pasó a papá? -. Pregunto a mi madre que está en una esquina llorando.
-. Tu papá, el... -. Intenta hablar y empieza a llorar con más fuerza.
-. Señorita su padre ha sufrido un infarto fulminante. -. Me dice uno de los enfermeros que está allí, aún si créeme lo que dice, giro 180 grados hasta dónde está mi padre y veo justamente el momento exacto dónde le están colocando una sábana blanca sobre su cuerpo.
-. ¡No! -. Grito y corro hasta mi padre -. No, papá, noooo -. Grito y lo tomo por los hombros y lo sacudo para que despierte. -. Es una mala broma papá -. Le digo entre lágrimas, pero mi papá no despierta, está frío y pálido y sus labios está de un color morado y se ven resecos.
-. Anais -. Me llama mi madre -. Es demasiado tarde. -. Me dice y sigue llorando, yo corro hasta ella y la envuelvo entre mis brazos y ambas tratamos de darnos el consuelo que necesitamos para soportar está perdida tan grande.
Pero no todo término allí, no, la cosa se puso peor cuando pasada una semana de la muerte de mi padre un grupo de abogados tocaron a nuestra puerta.
-. ¿Son ustedes los familiares del señor Fuentes? Pregunto uno de ellos.
-. ¿Ustedes quiénes son? -. Pregunta mi madre aun sin dejar entrar a ese grupo de hombre enfundados en trajes hechos a medidas.
-. Somos abogados, representamos a la parte demandante.
-. ¿Demandante? -. Inquirí yo detrás de mi madre.
-. Si, el señor Fuentes tiene varias deudas con un grupo de acreedores, estos al enterarse de la muerte del señor, exigen a sus familiares la cancelación de estas deudas, de lo contrario serán desalojados de todas sus pertenencias, de esta casa y sus otros bienes ya que el señor Fuentes así lo dispuso como garantía.
-. ¿Qué? -. Dijimos mi madre y yo al mismo tiempo no creyendo lo que hemos escuchado, papá no pudo haber hecho algo así.
-. Tiene una semana -. Hablo el abogado mientras que los otros asentían y se marchaban dejándonos a las dos con tantas dudas, con tanta impotencia y con tanta rabia, por qué no solo ahora estaba el dolor de la pérdida de un ser querido, sino que ahora también estaba la duda de que hacer ya que posiblemente nos quedaríamos en la calle.
-. Hija -. Dijo mi madre entre llantos aferrándose a mí.
-. Tranquila madre que algo se me ocurrirá -. Le dije abrazándola mientras la sentía temblar, sin saber que ese sería la última vez que tendría a mi madre también en mis brazos, ya que la semana paso tan rápido que no me dio la oportunidad de nada, aún no había encontrado una solución a nuestro problema, pero que mi madre encontró una para ella.
Un día antes de que aparecieran los abogados nuevamente, estoy caminando por la sala cuando escucho un disparo, corro con mi corazón casi en la garganta y esa imagen no se borrará tan fácil de mi mente, mi madre se había quitado la vida deponiendo sus últimas palabras escritas en un papel, dejando una excusa para su cobardía.
“Lo siento hija, pero no soy tan fuerte, no puedo empezar de cero y vivir en la calle”
Y eso fue todo, ¿No estaba preparada para la pobreza? -. ¿Acaso yo si lo estoy madre? -. Fue mi pregunta a la nada.
Desde ese día perdí todo, perdí a mi familia, a mi casa, quedé en la calle, lo poco que tenía ahorrado sirvió para una habitación por una semana, busque trabajo en un restaurante y allí conocí a Gerardo, el acudió a mi trabajo durante un mes seguido, me conquistó y enamoro, a los 6 meses ya teníamos planes de bodas, y después de eso solo me dedique a él y a mí hogar, era una copia de mi madre y eso no me gustó, por eso empecé a estudiar a escondidas, quería ser alguien y lo logré.
Pero ahora estoy aquí tratando de hacer que mi esposo no se estrese más de lo que ya está, y para eso encontraré un trabajo.
-. ¿Amor? -. Lo llamo captando su atención una vez ha terminado de comer.
-. Dime -. Dice inclinando su cuerpo hacia atrás en la silla mientras soba su panza.
-. ¿Crees que sería bueno si encuentro un trabajo? -. Pregunto un poco cohibida.
-. ¿Y eso? -. Interroga ahora inclinado su cuerpo hacia adelante, corre los platos sucios a un lado, y apoya los codos en la mesa y sostiene su barbilla con las manos mientras me mira fijamente.
-. Es que pensé que si tengo un trabajo te puedo ayudar con los gastos de la casa. -. Le digo
-. Eso sería maravilloso, pero dime ¿Qué otra cosa sabes hacer aparte de fregar platos y limpiar pisos? Aunque pensándolo bien eso tampoco lo haces bien ¿Buscarás trabajo como doméstica? -. Inquiere mientras se ríe a carcajadas y apoyándose en el respaldar de la silla.
-. Ser doméstica no es un pecado, es un trabajo digno como cualquier otro -. Respondo molesta por su falta de respeto hacia mi labor dentro de esta casa -. Y si ese es el trabajo que encuentro no es más de lo que hago aquí, pero por lo menos en otro lugar me apagaran por lo que hago aquí gratis -. Completo entre dientes.
-. No digo que sea malo trabajar de eso, pero tú eres una inútil, no sabes hacer nada bien. Porque lo que haces aquí no lo haces bien la casa sigue llena de polvo aun cuando según tú has acabado de limpiar. ¿Dime qué otra cosa puedes hacer? -. Habla y se ríe en mi cara aún más, ¿acaso no sabe que sus palabras me hieren?
-. No sé, pero algo se me ocurrirá, lo importante es que ya te ayudé ¿no? -. Le digo sin decirle que tengo un estudio universitario porque no me lo creería.
-. Está bien, has lo que quieras, siempre y cuando me ayudes, por mí no hay problema. - habla ahora restándole importancia -. Eso sí, no quiero que descuides tus labores aquí en la casa.
-. Gracias. -. Le digo y sonrió, aunque en realidad lo que le quiero decir es que si yo hago el aseo mal, por quiere que siga con mis obligaciones aquí.
-. Ven vamos a dormir -. Dice ahora ofreciéndome su mano.
-. Pero, ¿no dijiste que ibas a ver las noticias y después no sé qué otra cosa? -. Le pregunto entre dudosa y curiosa.
-. Estoy cansado, y quiero dormir, pero antes quiero pasar un rato con mi esposa. -. Dice y me da una nalgada, hago un gesto con mi cara que espero que el no note.
No pensé que esta noche quisiera estar conmigo de forma íntima, yo no me prepare mentalmente para eso. Y es que desde que nos casamos digamos que no siento nada al estar con él, ¿el problema? creo que soy frígida, nunca he tenido un orgasmo con él, cuando lo conocí todo fue tan rápido que no me había acostado con el cuándo ya estaba dando el sí frente a un juez, así que cuando en mi noche de bodas no tuve un orgasmo me arrepentí de no haberme intimado con el antes, pero ya no podía hacer nada, así que solo me dedique a fingir y dejar que hiciera todo el trabajo.
Así que soy frígida, no siento nada, y también está el hecho de que el utiliza un lenguaje vulgar cuando estamos en el acto, pero no me quejo, he leído muchos libros y dicen que eso son juegos entre parejas que activan la llama, pero como la mía está muerta, no le digo nada, soy yo la del problema y él no lo sabe, hago lo que me pide y finjo, finjo para no sentirme menos ni hacerlo sentir a el poco hombre por no causar un orgasmo a su mujer.
-. Esta noche te haré gritar como la putica que eres. -. Me dice y yo solo asiento como una sumisa, pero en realidad estoy es concentrada pensando y mentalizándome que esta noche no hay escapatoria, será otra noche de falsos orgasmos y falsos gemidos.