•02 | Joven amo.

4177 Palabras
      Estar con Jungguk es... Divertido. Sí, NaeHyung definitivamente no podría dejar de lado ese pequeño detalle que hace toda su relación de amistad un campo de batallas diariamente. Más, por la diferencia entre las creencias que cada uno tiene; no creencias religiosas o algo así... Vaya, justo ahora se está cuestionando si es cristiano o católico. Espera, ¿Por qué debería preguntarse algo así? ¿Acaso la respuesta verdaderamente importa? No, pero ese tipo de absurdos cuestionamientos siempre llegan a su cabeza de camino a su casa en compañía de Jungguk.       «Mi tonto Jungguk.»       El rubio trata de desconocer el «Mi» de sus pensamientos, porque ese es un pronombre determinante como posesivo, y él no tiene ningún tipo de derecho a utilizarlo, así que pasando por alto ese pequeño detalle, Jungguk sigue siendo un tonto; no un tonto de esos que posee poco entendimiento o inteligencia, sino un tonto que es demasiado inocente para este mundo. En definitiva este planeta no lo merece, mucho quedó demostrado con la conversación de «Tu Ggukie en su Lisita» De hace varios días atrás, en la cual terminó casi llorando de la risa en el suelo por recordar aquel suceso de la porno.       La porno.       La verdad detrás de la pornografía-no-dumbo que le colocó al menor hace meses, tiene una historia bastante graciosa y todo se debe a una gran confusión. Correcto, la confusión de colocar las películas en las carátulas equivocadas. Y entonces se preguntarán, ¿Quién ve películas en CD en la actualidad? Bueno, ese es otro tema que tocará otro día. El punto es que hubo una confusión, y no, NaeHyung no es ningún pervertido que le encanta ver porno... Quizás sea un poco pervertido, pero no es fanático de ver esa clase de películas. Él definitivamente preferiría hacerlas en vez de solo verlas, pero debido a que... En fin, el punto es que de verdad le iba a colocar Dumbo a Jungguk y terminó poniendo a una rubia que estaba acompañada por dos hombres bisexuales que hacían cosas +18.       —Ah, eres un pequeño tonto, Jungguk.       Suspira para sí mismo el rubio, sin poder disimular la pequeña sonrisa al recordar todos esos momentos inolvidables que hacen que su amistad no sea nada normal. ¿Cómo podría ser corriente si tiene a un chico inocente como segundo mejor amigo? No, definitivamente su amistad jamás podría ser común y aburrida.       —Hyung aún estoy a su lado, por favor no se refiera de esa forma a mi persona, ¿Acaso sabe la definición de la palabra tonto?—se queja frunciendo el entrecejo graciosamente.       NaeHyung no puede contrarrestar el sentimiento de diversión que se adueña de todo su ser por la forma de hablar tan correcta que Jungguk ocupa. Incluso, hay momentos en que utiliza palabras que ni porque las busque en Google termina de entender su significado.       Justo en esos momentos es que NaeHyung deja de sonreír y se da cuenta que quizás de nada sirve ser bello si no eres inteligente.       «Maldito Jungguk.»       —Hyung es malo—dictamina en tono molesto, un instante luego.       —Y tú muy tonto, querido—le guiña un ojo, ganándose un bufido inconforme.       Lo vuelve a reiterar, la palabra «Aburrido» no existe en su diccionario mientras se encuentre con el pequeño, no tan pequeño, Jungguk. Ante ese último pensamiento, NaeHyung echa un vistazo de reojo al menor que sigue refunfuñando quién sabe cuántas cosas, notando que solo le faltan unos escasos, casi nulos, centímetros para ser de su tamaño. Sin contar que sus brazos no son para nada delgados, al contrario, se puede percibir la forma de algunos músculos tensarse a través del uniforme con cada movimiento.     Automáticamente, lleva su mirada a sus propios brazos notando que son más flacuchos de lo que recordaba. Bufa. Una de dos, bajó de peso en los últimos días o Jungguk está ganando más masa muscular de la que debería. ¿Acaso está haciendo ejercicio?       Mierda, no debería meterme más con él. Un día de estos me dará un buen golpe que me va a matar.» Ríe tontamente ante eso último. «Ese niño no es capaz ni de matar una mosca, mucho menos le va a pegar a su Hyu... »       —¡Mierda, Jungguk!—grita de repente completamente estupefacto, ante el golpe que el azabache le ha dado en su momento de claridad celestial sobre los músculos que no tiene ni tendrá.       Su brazo que es lo más cercano a un fideo, exagerando obviamente, le manda una señal de dolor que le hace casi erizarse de lo fuerte de aquel repentino golpe. «¿Decía?» luego de darle un análisis rápido a la situación sin dejar de sobar su extremidad, su boca se abre ligeramente sorprendido ante la agresión que ha recibido de parte de ese muchachito.       —¿Por qué mierda me pegas muchacho idiota?       —¡Hyung se está burlando de Ggukie!—se apresura a defender, cruzándose de brazos completamente serio. Pero en el intento de mantenerse molesto por las constantes burlas de NaeHyung hacia él, comienza a reír por la cara de shock que su mayor no puede ocultar—. Hyung es exagerado, ni siquiera le golpee con fuerza—decide decir—. Además, usted también golpea a Ggukie de vez en cuando en medio de sus ataques de risa.       «¡Estúpido, mi brazo, idiota!. ¡Un poco más y me sale el hueso de la carne, y tiene las pelototas de decir que no lo hizo con fuerza! ¡Te voy a decapitar, Jeong JUNGGUK Y NO PRECISAMENTE LA CABEZA VISIBLE!»       —No... Pues... No pegaste tan fuerte—miente, revolcándose internamente por del dolor.       La verdad es que sí le ha dolido, pero él es un ser humano fuerte y no debe lloriquear por algo como esto. «Rayos. ¿Es que acaso ese tonto mocoso no nota que su mano es pesada? ¡Se lo ha dicho en más de una oportunidad!» Recuerda más específicamente aquel día que jugaron los quemados, y terminó literalmente, con una quemadura en toda su espalda de una gran longitud luego de que Jungguk en su afán de ganar no midiera la fuerza utilizada en el balón.       —De igual forma, ¡No me pegues, puto Jungguk!—se queja—. Oh~ me saldrá un morado muy grande—eso último lo dice en un susurro, mentalizándose por el feo hematoma que su piel de príncipe tendrá más temprano que tarde.       —¡Hyung es tan grosero! ¿Por qué le dice esa cosa a Ggukie?—chilla con horror ante esa palabra que no desea repetir ni siquiera mentalmente.       NaeHyung frunce el ceño con molestia al escucharlo, ¿Qué importa si es grosero o no? ¡Lo que importa es que su brazo está que se cae del sitio que la naturaleza indicó debía ir!       —De paso réplicas, ¿Eh?       —¿H-Hyung?—duda un poco al ver a su amigo acercarse a él con alarmante lentitud, en conjunto con esa expresión molesta que no le hace justicia a sus lindas facciones—. Hyu...-       —No-me-vuelvas-a-pegar-idiota—antes de que el menor pueda escapar como sus instintos le piden que haga, las pequeñas palmadas que comienza otorgarle NaeHyung en su espalda son suaves, sin intenciones de hacer verdadero daño como esperaba—. ¡Hyung se respeta y no se le pega!—reprende, diciendo cada palabra entre golpe.       —Hyung tampoco me respeta—contraataca sin dejar de verse divertido. «Ah, me pega como mi Noona cuando en realidad no me quiere golpear» piensa—. Usted es un Hyung malo...       —Y ahora soy peor, idiota.       De un momento a otro deja de golpearlo, y lleva sus largos dedos hasta una de sus orejas para poder tirar de ella sin ningún tipo de retraimiento, robándole así, unos cuantos quejidos que para su mente retorcida, suenan más como gemidos ahogados de placer, en vez de dolor. Apenas se da cuenta que su cabeza se está yendo por ese sendero otra vez, deja de jalar su oreja, y lo aborda ese malestar lleno de culpabilidad.       —E-Es mejor que... Sigamos el camino. V-Vamos, mocoso—apenas dice aquello, se adelanta unos cuantos pasos para que Jungguk no sea capaz de notar su cara escarlata que es muestra de su vergüenza debido a su perversión interna—. Mierda, soy un puto sucio, asqueroso—se dice en voz baja, dándose golpes mentales—. No pienses en eso, no pienses en eso... NaeHyung malo, no debes tener esa clase de pensamientos por un chiquillo como...-       —¡Hyung! ¡Espéreme!—oye el grito del menor que está unos buenos metros por detrás de él, y es testigo de cómo su correr en cámara lenta logra zafar más de un tornillo de su cabeza.       «Dios, él ya no el niño que conocí hace años.»       Su garganta pasa saliva pesada por la forma en que se mueven tan majestuosamente esos músculos que empiezan a ser notorios por debajo del uniforme, que por supuesto, ya le está quedando apretado en algunas partes que no deberían ser visibles.       Sin siquiera notar su reacción corporal, muerde su labio inferior de forma bastante sugerente, sabroseando ese cuerpo atlético con el que su amigo ha sido bendecido. Golpe de realidad. AMIGO. Al recalcarse esa palabra, comienza a negar con deseos de apartar esos pensamientos de su estúpida cabeza de chorlito para así evitar que esa parte de su personalidad que mantiene bajo control, salga a flote sin su permiso y dañe todo lo que ha conseguido hasta ahora.       —Hyung, ¿Está molesto? P-Por favor, no se moleste conmigo por lo que hice y dije, prometo no lo volveré hacer, ¿Sí?—observa al rubio lleno de arrepentimiento, haciendo un puchero que anula desde hace un tiempo para acá a NaeHyung de forma abrumadora.   —Está bien, está bien, pero no vuelvas a pegarme, mocoso—pide con indiferencia, dándose la vuelta para comenzar andar nuevamente un instante después.       Sintiéndose un poco mejor al haber podido alejar satisfactoriamente esos pensamientos pervertidos que sucumben su cabeza más seguido de lo que debería, se centra un poco en las palabras que brotan de Jungguk sin tregua alguna. Bosteza. Justo ahora no sabe qué es peor, el sentirse culpable por sexualizar la imagen de un chico inocente como Jungguk, u oír, sin escuchar realmente, que su pequeño obtuvo tres diez seguidos en el mismo día.       —Jungguk juro que lo intento, pero es peligroso si me duermo mientras camino, ¿Sabes? Realmente me puedo hacer daño si caigo en medio de la calle.       —Ah... Me duele, Hyung—se queja dramático, llevando una mano a su pecho para hacer más creíble lo dicho.       NaeHyung debe de estar enfermo, sí, no cabe duda de ello, justo por eso es que ha tomado con doble sentido ese «Me duele» de Jungguk. Se siente estúpido. Su pequeño es un chico tan tierno...Tan, pero tan tierno... «¡QUE PROVOCA DARLE AMOR!» grita su yo interior. «¡Sucios pensamientos traicioneros! ¡Él es tan tierno que jamás va a notar el efecto que está haciendo en mí y mi mente tan malpensada! ¡Debo de tener algún tipo de problema!»       —Entonces, ¿Qué dice, Hyung?—indaga con interés, mirando con aquellos ojitos oscuros.       —¿Eh? ¿De qué?       —Sobre quedarse en mi casa para el cumpleaños de Som Noona— «Ah, sí. Esa Noona que no me puede ver porque comienza con sus insinuaciones, claro que no iré...»—, como mis tíos por parte de papá desde ya aseguraron que vendrían, ellos van ocupar el cuarto que usted suele utilizar cuando se queda a dormir, así que esta vez podrá hacerlo conmigo en mi habitación, Hyung.       Los ojos de NaeHyung brillan de una forma distinta al escuchar aquella interesante cosa, a pesar de que faltan como tres meses para ese día. Bueno, puede que falte menos, pero no es bueno con las fechas.       —Estaré ahí—dice tan rápido, que deja un poco extrañado al de anteojos—. D-Digo... Sí, claro iré, mocoso. Ten por seguro que Hyung estará ahí. Ni siquiera deberías preguntarlo.       —¿Por qué me dice mocoso?—pregunta finalmente, luego de meses de tener la misma interrogante rondando su cabeza.       No es como si NaeHyung estuviera tan alejado de su edad, a fin de cuenta solo son unos meses los que se llevan, por eso es que su relación puede ser tan fluida. Jungguk ladea su rostro un poco, y sigue muy atentamente como los ojos de su mayor son llevados al cielo con despreocupación sin una respuesta muy acertada para satisfacer su curiosidad.       —En realidad nunca me había detenido a pensar en ello—se alza de hombros. Bastan un par de pasos más, para finalmente detenerse frente la puerta del edificio donde vive, haciendo que Jungguk haga lo mismo un segundo después—. ¿Subirás o prefieres que te lleve a casa de una vez? No tengo mucho por hacer, ¿Tú?       —No tiene que llevarme a casa, Hyung—dice de inmediato con el calor adueñándose de sus mejillas. A veces de verdad cree que su mayor cuida más de él, de lo que cuida de sí mismo—. Umnn... Yo debo ir a estudiar, tengo examen mañana y no puedo pasar esta vez. Así que... ¿Adiós?—pronuncia avergonzado, como siempre que esas palabras abandonan su boca.       No entiende por qué, pero cada vez que se despide de NaeHyung de esa manera siente que hace falta algo. No sabe a ciencia cierta a qué se refiere, pero es como... ¿Quizás un apretón de mano? ¡No lo sabe! Pero se vuelve tan mortificante cada vez que tiene que irse, siente que ese «Adiós» Vuelve todo común, y él no quiere ser alguien común para NaeHyung, puede que quiere eso que escuchó en la televisión hace días, «Un súper-mega-ultra mejor amigo que es necesario a cada momento.»       —¿Estás seguro?       —Sí, lo veo mañana—dicho eso, su camino con dirección a su hogar empieza, y como es costumbre, NaeHyung lo sigue desde atrás entre pequeños pasos—. Puedo ir solo, soy grande—refunfuña debido a su insistencia.       —JA, claro. Ni siquiera sabes diferenciar cuando alguien te está hablando normalmente y cuando alguien te está invitando a follar. Es demasiado obvio que me preocupo por ti; cualquier pedófilo loco puede llegar, darte un dulce y engañarte para abusar de ti después, ¿Sabes lo horrible que debe ser vivir eso? No deseo que lo vivas. Debo cuidarte—responde como si fuera lo más obvio del mundo.     ¿Por qué el corazón de Jungguk salta de esa forma luego de ese debo cuidarte?       —Hyung...—a pesar del calorcito agradable que siente por la preocupación de su mayor, no puede pasar por alto la forma incorrecta de utilización de términos—, ya tengo diecisiete y se considera pedófilo aquellos que les agradan los niños de una edad comprendida de seis a once años. Aparte, la p*******a es el placer s****l de poseer fantasías con infantes, normalmente no hay abuso de su parte. Creo que usted se refiere es a un pederasta, que a diferencia del pedófilo, este si consuma el acto s****l. En cambio, la efebofilia ya sería un...-       —Pede-no-sé-qué una mierda, no importa cómo se diga. El punto es que pueden engañarte, ¿Cómo esperas que confíe en ti?—mira lleno de desconfianza—. Es obvio que no puedo hacerlo, así que hasta que seas más grande y soportes ver una porno sin llorar, yo te dejaré sano y salvo en la puerta de tu casa, ¿Queda claro?       —¡Hyung!—gruñe ofendido—. E-Entonces lo hará durante toda la vida, porque prefiero ver un documental de treinta horas seguidas sobre la guerra fría, que ese tipo de contenido que sólo enferman la mente, ¿Sabía usted que diversos estudios revelaron que las personas que ven pornografía tienen daños cerebrales graves? No lo quiero ofender, Hyung, pero eso es para personas descerebradas—dice, mientras sigue su camino con brazos en jarra y un mohín molesto en sus labios.       —Vaya... ¿Gracias?—responde sarcástico sin evitar reír—. Por suerte, ya me he acostumbrado a tu forma nerd de ser. Más bien, por favor recuérdame, ¿Cómo es que terminamos siendo amigo si somos tan condenadamente diferentes? En serio creo que todos se impactan al saber que el presidente de la clase de primero A, es el mejor amigo de un sexy y guapo delincuente estudiantil como lo soy yo—se adula, como si llamarse a sí mismo delincuente estudiantil fuera lo mejor del mundo.       Jungguk suspira, viéndose tentado a rodar los ojos. A pesar de todo eso, NaeHyung no es tan mal estudiante como aparenta, solo es... Un poco flojo. Quizás sea muy flojo.       —Hyung, usted sabe que eso no es cierto. Puede que en la preparatoria si era lo más cercano a un delincuente estudiantil por sus recurrentes faltas, pero ahora es alguien totalmente distinto. Aparte, agradezco que haya sido de ese modo porque de lo contrario posiblemente no le hubiese conocido jamás—farfulla suavecito, permitiendo que su cara se sonroje de vergüenza por admitir aquello.       De forma rápida, una sonrisa hace que sus dientes sean visibles ante el recuerdo de haber conocido a NaeHyung hace cuatro años de una forma bastante extraña y hasta espeluznante.       —¿Lo recuerda, Hyung? Yo estaba en primero y usted en segundo de preparatoria, cuando usted escuchó de mis notas perfectas por medio del profesor que le estaba dando la charla de reparación casi a final de año, dio conmigo y me amenazó con desnudarme a mitad de la cafetería si no le resolvía el examen de matemática que había robado previamente, y por el cual, casi pierde el año. Examen que por cierto reprobó... —NaeHyung hace una mueca de disgusto al recordar esa parte de la historia—. No lo podía creer, Hyung. ¿Cómo es que reprueba un examen del cual sabía todas las respuestas? Todavía en un enigma.       NaeHyung lo reconoce, hasta el peor asno de la historia pasaría un examen del cual se tienen todas las respuestas, pero él, ¿Debe echarle la culpa a los nervios? Siempre es mejor culpar a alguien/algo más de sus propios errores, así que eso hará. Los nervios son los culpables de confundir las respuestas y sacar cero.       —En realidad, lo que copiaste estaba en otro idioma o algo así, ¡No entendía nada, Jungguk! A veces se me hace difícil comprender si estás hablando mí misma lengua—se justifica—. En pocas palabras, es tu culpa.       —Como diga, Hyung—acepta la culpa sin inmutarse. No pretende quedarse enfrascado en lo mismo, ya esta conversación la han tenido mil veces, y cabe destacar, que NaeHyung no es precisamente una persona que le guste perder en una pelea—. En fin, esa vez me obligó a hablar con los profesores y utilizar mis dotes de buen alumno para que le dieran otra oportunidad en el examen, ya luego me exigió que le ayudara a estudiar y desde esa vez estamos juntos. ¡Ah! Es una extraña historia, ¿No cree?—dice un poco tímido.       NaeHyung no está muy seguro si Jungguk lo dice en serio, en sarcasmo, ironía o la caca de una vaca. Solo puede notar lo lindo que se ve el pequeño cuando sonríe de esa forma, lo demás, ya no importa.       —Sí, eres muy lind...- Es una muy linda historia—se corrige de inmediato—. Espera, no dijiste lo malditamente genial que era, soy y seré. En serio, Jungguk. A veces me miro al espejo y no creo que sea completamente real.       Sonríe con orgullo, plantando esa sonrisa cuadrada llena soberbia que tanto le puede mover el piso a Jungguk de manera extraña. Esa... Que le recuerda por qué sigue a su lado a pesar de ser completamente diferentes, esa, que mantiene la esencia que recuerda de hace años. La luz, la luz que le hizo ver en la oscuridad.       —Sí... Es genial—apoya completamente distraído, casi tropezando con una piedra que está en el camino por quedarse espiando fijamente el rostro tan bonito que NaeHyung posee. No es como si siempre fuera así, es solo que últimamente se ha dado el trabajo de observar más detenidamente cómo es que humedece sus labios, frunce su nariz o coloca los ojos en blanco por cualquier cosa—. D-Digo... Sí, recuerdo que dio mucho de usted para pasar el segundo examen con un nueve. Eso lo convierte en alguien bastante genial, Hyung. Al menos para mí.       —Tú también eres genial a tu manera, Ggukie—reconoce, desordenando descuidadamente su cabello—. Explicas incluso mejor que los propios profesores, ¿Eso te pone por encima del promedio, verdad? Lo que quiere decir que eres un poco más genial que yo... Solo un poco, no te emociones.       —E-Exagera... Solo hago lo que puedo.       —Tan humilde, el maldito—murmura NaeHyung entre dientes lleno de burla—. Claro, la humildad hace al hombre.       —Se ve feo que hable de ese modo, teniendo una apariencia como la suya, Hyung. Debería ser más educado—recomienda, una vez se detiene frente a la construcción de su casa. Gira nuevamente hacia NaeHyung, al notar su silencio—. ¿Qué?       —Eso debo preguntar yo, ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?       —Umn... ¿Que t-tiene un rostro muy... L-Lindo para que se distorsione con la suciedad de su vocabulario?       —Mi vocabulario no es lo único que tengo sucio, bebé—insinúa.       «Mi mente es aún peor.»       —Lo sé, Hyung. Su cuello por los lados también está un poco sucio, ¿No se bañó hoy?—pregunta en tono inocente. «Joder, por cosas como estas es que me cuestiono cómo es que somos amigos»—. No se preocupe, tengo alcohol en el Kit de primeros auxilios, le puedo dar un poco.       —Ah, Jungguk—suspira—. ¿Qué haré contigo, pequeño? Gracias por tu preocupación, pero no necesito bañarme ni limpiarme; los dioses no huelen mal si no lo hacen, ya sabes, nuestro sudor es como colonia para los simples mortales—se alza de hombros glorificando su presencia, y así cambiando la dirección de sus pensamientos.       —Cualquiera pensaría que es muy extraño—NaeHyung suelta una risita satisfecha al escucharlo—. Aunque no muy extraño, solo un poco.       En medio de otras palabras, el rubio gira distraído al lado contrario de la acera donde llevan la más extraña conversación de todas, y puede distinguir que una cuadra más arriba hay auto n***o que hace brillar sus luces al tener la atención de NaeHyung por primera vez. Traga en seco, volviendo sus ojos de inmediato al menor.       —Sí, claro. Todo lo que digas. Entonces, ¿Nos vemos mañana? Acabo de recordar que debo hacer algo importante—se apura a mentir, dándole la vuelta a Jungguk sobre sus talones y llevándolo hasta la entrada de su casa sin mucha sutileza. Pese a las quejas del menor, lo ayuda abrir la puerta y lo lanza dentro como un costal de papas que no amerita cuidado alguno—. Te veo mañana, Ggukie. Estudia mucho... Adiós.       Él mismo se encarga de cerrar la puerta, dejando al azabache con la palabra en la boca.       Suspira, sintiendo la molestia llenar sus venas.       NaeHyung enseguida emprende su camino con dirección a su apartamento, alejándose lo más posible de la casa de Jungguk. Con el rabillo del ojo, nota que el auto n***o inicia su recorrido detrás de él un momento después, haciendo que aumente el paso para perder de vista totalmente la casa del azabache y así poder respirar tranquilamente.       El auto Mercedes SL65 no tarda demasiado en llegar a su lado, para manejar a la par de sus pasos, luego, el conductor baja por fin el vidrio polarizado para tener una vista clara de cómo el rubio sigue su camino tratando de ignorar su presencia. Prosiguen de ese modo por varios segundos, al menos, hasta que NaeHyung se pudo dar el tiempo de notar que mucha más gente de la necesaria se le está quedando viendo por lo extraño de que un auto de ese tipo te persiga prácticamente.       —¡Deja de seguirme!—se detiene finalmente, clavando una mirada desdeñosa en el hombre con traje que sonríe divertido por el humor de perro que se gasta el rubio. Dicha sonrisa, hace que los nervios del chico suban al cielo—. Juro que te mataré si no me dejas en paz.       —Joven amo, solo sigo órdenes.       -Hany  
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