Iguales

1225 Palabras
Capítulo 3 Iguales Las luces de la calle de nuevo se reflejaban con elegancia sobre la pintura negra del auto de Jorge, de hecho, no era su auto, era de su padre, pero el hombre nos lo prestaba a cambio de un pequeño porcentaje de las ganancias que pudiéramos recoger de una noche como esta. No era más de las 3 de la mañana cuando ya estaba en el auto con Jorge, me cambie de ropa para no levantar sospechas y me quede en el asiento trasero mientras mi compañero llevaba a algún lugar donde pudiéramos comer algo a esa hora. —¿Dónde vamos Carla? —me pregunto rompiendo el absurdo silencio que nos acompañaba. —Vamos a las villas, al parador del camión… allí siempre hay algo de comer…—le respondí mirando despreocupada por la ventanilla. —¿No hubo ningún problema? —pregunto. Voltee la mirada hacia él y vi sus ojos desconfiados a través del retrovisor, no estaba dudando de mí en realidad, era una pregunta que rozaba un poco con la preocupación por mí, por lo que me podría pasar si fuera posible que me atraparan, de seguro no iría a la comisaria como todos pensarían en un primer momento, pues a las personas a las que robaba no eran precisamente fanáticas de la justicia ni partidarias de las cárceles, por esta razón no tendrían piedad de una pobre chica de los barrios bajos que con algo de talento y a raíz de lo cruel que había sido la vida, tuvo que hacer lo que hace con el fin de salir adelante… mi sueño, poder cruzar el río de la plata y vivir en un lugar más tranquilo, pero no ajeno al mundo en el que crecí, quizá vivir en una pequeña cabaña, pensar en algo más allá del piso donde vivía con mi hermano menor Amy, algo más allá del trabajo de reponedora en el supermercado, algo más allá de todo. —Los guarda espaldas… pensé que estarían también en el hotel… hubiese sido un problema si me veían salir… y eso no lo habíamos tenido en cuenta…—le reproché a Jorge. —Lo bueno es que no paso nada… tendremos en cuenta eso para la próxima…— —Si es que la hay…—le respondí pensando en voz alta. Su mirada ahora si fue de desconfianza hacia mí, sabía que llegaría el día en que dejaría de hacer esto mismo, pero él no tenía mucha fe de que ese día llegara y yo misma le había hecho esa idea en la cabeza, pues luego de haberlo hecho por primera vez hacía más 2 años, cada mes ese volvió a repetir el mismo modo de operación, siempre con su ayuda y la de sus contactos. Recuerdo la primera vez que lo hice, era inexperta, tuve que estudiar etiqueta y leer algunos libros donde la protagonista hacia algo similar, con la diferencia que ella lograba despertar sentimientos de amor, yo solo había logrado el despertar el deseo de los hombres insatisfechos, en su mayoría casados, los cuales eran los ideales pues olvidaban el tema y no investigaban pues no querían ser descubiertos en sus hogares, la primera víctima fue un empresario de media clase que vivía al otro lado del río, tenía varios almacenes de ropa deportiva y amaba con fervor al Equipo de Montevideo Peñarol, incluso recuerdo que le robe un escudo bañado en oro de ese equipo… lo vendimos a un buen precio en otra tienda deportiva, pero lo que mejor recuerdo fue ese sentimiento tan agradable de sentirme deseada por alguien, con más pasión que propio cariño, por poco cometo el error de novata de dejarme llevar por el hombre, error que por suerte nunca he cometido, aunque siempre lo dudo, no robo a cualquier hombre, todos tienen cierto atractivo que me hace más fácil el trabajo de seducirlos, quizá por eso mis trucos siempre funcionan, por se sienten como si fuesen reales. Llegamos a la parada del camión, me bajé del auto ante la mirada algo curiosa de los conductores que a esa hora estaban ya preparándose para comenzar su jornada laboral, en ese momento ya no vestía mi elegante vestido ni mis joyas que le hacían juego, traía un gran abrigo y ropa deportiva como si fuese cualquier chica del barrio y en verdad lo era, en ese preciso momento yo era Carla, lo que a todos les concierne, Valery se quedó en el hotel durmiendo junto con el colombiano, yo ya era otra persona, del tipo de chica que no dudaba en comer 2 o 3 empanadas en la calle como si nada, tal como estaba por hacerlo. Pedimos una gaseosa, varias empanadas y nos sentamos sobre el capo del auto para comer, Jorge estaba tan hambriento como yo, yo estaba concentrada en mi bebida cuando el de la nada me pregunto algo. —¿Cómo haces para darles el caramelo…?, siempre he tenido esa duda…— Lo mire de reojo mientras bebía, no tenía la respuesta clara a esa pregunta, o mejor dicho no tiene una respuesta que no me fuera incómoda de explicar. —A veces se las doy así no más… otras veces cuando no están del todo convencidos se los doy en un beso… es la manera en que no pueden protestar de ninguna manera… o los golpeo en la cabeza con una lámpara…—le explique con algo de gracia. —No te creo que los golpees… no sería muy tu estilo…—respondió riendo. —Podría hacerlo si es necesario… ¿Recuerdas el Tony… el que vivía a las afueras de villas…? —constaste riendo. —Si, quien no lo recuerda… casi pierde el ojo en esa barriada…—respondió él un poco preocupado. —Ves… puedo hacerlo si se necesita…—le aclare en ese momento. Cuando terminamos de comer eran alrededor de las 4 de la mañana, en las calles ya había mucha gente que salía a ganarse la vida a esa hora, yo por mi parte iba apenas llegando, aunque no era muy diferente a ellos pues en una poca hora debía estar ya trabajando en el supermercado. —Hay un evento… de una familia… pero no tengo aún la fecha ni el lugar… te conseguiré algo bueno…—dijo Jorge una vez nos subimos al auto. —Habrá que esperar que sucede… el colombiano fue fácil, pero parecía ser más importante de lo que parecía… debemos esperar para no levantar sospechas…—le explique yo con detenimiento. —Investigaré de todas formas…—respondió él con seguridad. Al cabo de unos minutos llegamos al taller del padre de Jorge, dejamos el auto estacionado al lado de los botes repletos de aceite quemado y lo cubrimos con una gran manta, así nadie podría reconocerlo si era que algún día lo buscaban, también Jorge le cambiaba la placa, así era como si no existiera en realidad, finalizado el trabajo yo camine una cuantas calles más en medio de mi barrio popular, en medio de quienes si consideraba mis iguales, hasta llegar a mi piso donde mi hermana Amy aún estaba durmiendo en su cama, yo camine sin hacer mucho ruido y dejando mis zapatos a un lado me acosté al lado suyo, solo bastaron varios segundos para quedarme dormida, estaba en verdad cansada.
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