006

1376 Palabras
Cuando desperté, me encontraba recostada en la cama de una habitación que parecía ser la de un niño pequeño. La miré detalladamente y vi que las paredes estaban tapizadas con figuras de dinosaurios. Junto a la pared había un estante lleno de figuras y juguetes y al lado del estante había un pequeño sillón en el que se encontraba durmiendo Erick. —Oye— lo llame, pero se encontraba durmiendo profundamente. Me puse de pie y me acerqué para golpearle la cabeza y así, despertara. Cuando le di el golpe, él dio un brinco y despertó rápidamente. —Auch— se quejó al mismo tiempo que se tocó la cabeza y la sobó. —¿Dónde estamos?— pregunté mientras me acercó a la ventana y miro hacia afuera. —Cerca del centro comercial en el que esos tipos nos tenían—, responde posicionándose a mi lado —¿Te sientes mejor—, pregunta mirándome. —Bueno, solo tengo un ligero dolor en la cabeza—, lo miro —¿Como logramos escapar de esos delincuentes? —Un grupo de infectados logró entrar al centro comercial. En poco tiempo comenzaron a atacar a los hombres. Tú te encontrabas aún bajo el efecto de las pastillas. Silenciosamente te cargue hasta aquí. —¿Hace cuánto fue eso? —Un día y medio. —No puede ser—, doy la vuelta —Tenemos que irnos ahora. Hay que llegar al refugio lo antes posible—, comienzo a caminar hasta salir de la habitación. Erick caminó detrás de mí para poder alcanzarme —Espera caracol, tenemos un pequeño problema—, me toma el hombro para que me detuviera. —¿Qué ? —Ayer me encontré a un niño y está herido— mira en otra dirección. —¿Qué le pasó? ¿Dónde está? —Lo encontré aquí dentro, estaba escondido en el armario de la habitación de sus padres. Su brazo está herido. —Y ¿sus padres?—, regrese por las escaleras y fui a ver al pequeño niño. —No lo sé, no me ha querido decir nada. Difícilmente me dejó vendar la herida de su brazo—. —Déjame hablar con él ¿si?— abrí la puerta de la habitación y escuche pequeñas pisadas. Cuando entre a la habitación logré verlo esconderse dentro del armario. Cerré la puerta y comencé a caminar —Hum, ¿Donde pudo esconderse? Tenía un obsequio para él—, comencé a fingir que lo buscaba y apliqué la técnica que mi madre siempre usaba conmigo, esa nunca fallaba o al menos no fallaba en mi. Escuche rechinar una de las puertitas del armario y me giré, comencé a caminar y cuando quedé a un paso, me senté en cuclillas y abrí la puertita —Hola—, sonreí. El pequeño salió y se acercó a mi —¿Quien eres?—, susurró. —Me llamó Claris ¿y tú?—, volví a sonreír para demostrarle que no iba a hacerle daño. El niño solo guardó silencio y me miró —Oh cierto— comencé a buscar en la bolsa de mi chamarra y saqué de ella una paleta de caramelo que escondía ahí hace días. —Esto es para ti—, le estire la paleta y el intento tomarla, pero se lo impedí. —Primero dime tu nombre. —Bebé Ronny—, susurró. Sonreí al escucharlo —Toma—, se la di y él la tomó, le quitó la envoltura y se la metió a la boca para comérsela. —Gracias—, susurró. —¿Tienes hambre?—, pregunté y él asiente —Bueno, ¿Qué se te antoja? —¿Podemos comer sopa de fideo?—. —Por supuesto—, levante mi mano para acariciar su cabeza, pero el pequeño solo se alejó —Bebé Ronny ¿cuantos años tienes?—, pregunté y él solo me mostró cuatro dedos con su mano izquierda. —Ven conmigo bebé Ronny, vamos a la cocina a prepararte tus fideos—, estire mi mano y él la tomo. Ambos salimos de la habitación y bajamos al primer piso —¿Qué? ¿por qué a ti si te escucho?—, Erick pregunto desde el sofá en el que se encontraba sentado. —Eso es porque eres un novato con los niños. Solo lo soborné con un caramelo—, respondí mientras una risita se me escapaba —Bebé Ronny—, llame al pequeño que me sostenía de la mano —¿Por qué no vas a jugar con Erick mientras yo te preparo los fideos que quieres? El asintió, me soltó de la mano y fue corriendo hasta donde estaba Erick sentado —¿Qué jugaremos? El pequeño tomo la mano de Erick y comenzó a jalarlo hasta las escaleras. Luego subieron y supongo que el pequeño lo llevo a su habitación. Yo entro a la cocina y comienzo a buscar en la alacena la pasta de fideos. Por suerte solo quedaba un paquete de esa pasta. Todo estaba vacío, el refrigerador solo tenía un pedazo de queso y botellas de leche vacías. En la tarja había varios trastes socios apilados y la mesa estaba llena de migajas de pan. Tome una de las ollas que estaban limpias y puse agua a calentar para poder echar la pasta. Teníamos que irnos lo más pronto posible de este lugar. La comida se había agotado y teníamos que movernos para conseguir algo. Cuando termine de preparar la comida, fui a llamarlos para que bajaran. La puerta de la habitación estaba abierta, me recargue en ella y vi como jugaban. El bebé Ronny estaba jugando con un de sus carritos, mientras que Erick no tenía claro qué hacer con el juguete que el bebé Ronny le había dado. —La comida está lista—, dije. Erick me miró y el bebé Ronny dejó su juguete y se levantó como rayo, corrió hacia mi y me estiró sus brazos para que lo cargara. Yo hice lo que me pidió y lo cargué, luego me di media vuelta y camine hacia las escaleras. Al llegar a la cocina, senté al bebé Ronny en su sillita y luego le serví un poco de la sopa. Después serví dos platos más uno para Erick y otro para mi. Nos sentamos en las sillas y luego comenzamos a comer. —Erick—, lo llame y él volteó a verme —¿Qué vamos a hacer? No hay mas comida. —No podemos simplemente irnos y dejar al niño aquí. —Llevémoslo. Recuerda que nuestra prioridad es llegar al refugio. No podemos perder más tiempo. —Pero ¿Y si sus padres vuelven? —No podemos asegurar que sus padres regresen. Si lo hacen hay que dejar una nota para ellos. —Está bien—, susurró. —Entonces prepárate. Partimos esta noche—, me puse de pie y tome al pequeño en mis brazos —Bebé Ronny, vamos a empacar ¿si? El asintió y fuimos a su habitación —Toma los juguetes que más te gusten y también pondremos un poco de tu ropa dentro de la mochila ¿está bien?— el pequeño solo se limitó a asentir y caminó hasta su estante de juguetes para que tomara algunos. Después me entrego los juguetes y los puse dentro de la mochila —Bien, ahora vamos a ir a un lugar donde hay muchos dulces, pero para poder llegar ahí tienes que permanecer callado todo el tiempo que estemos caminando. —Pero ¿Podré comer todo lo que quiera? —Si, pero no puedes hablar. —¿Por qué? —Porque es un juego, si hablas no podrás comer los dulces. —¡Si! Voy a jugar ese juego con mi mami—, dijo sonriente. No me dieron ganas de hacerlo saber que yo no era nada suyo. —Entonces vámonos—, estire mi mano y él la tomo entusiasmado. Comenzamos a caminar hasta salir de la habitación. —¿Lista?—, pregunta Erick cuando me vio bajar con el pequeño en brazos. Yo asentí y salimos de la casa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR