Angelo Tener a Emiliana de pie frente a mí portando tan solo un conjunto oscuro de ropa interior, fue como el iceberg de todas mis debilidades. Tenerla de esa forma, entregada por completo y con decisión, tan solo elevó mis niveles de deseo. No había tiempo de ser caballero y preguntarle si estaba segura, porque el bulto en mis pantalones empezó a crecer tan grande que me apretó bajo el pantalón. Ser testigo de su bonita figura semidesnuda bajo la luz de la noche fue como el más dulce de mis mejores sueños. Escaneé cada centímetro de su perfecta piel, el más mínimo detalle y particularidades, como si estuviese observando con atención una fina pieza de arte. Las curvas en sus caderas, su ceñida cintura y bien proporcionado trasero. No dudé en acercarme para robarle uno de esos fogosos b

