AUTOR. La puerta del cementerio se abrió. Una Luzmila tirada en el suelo, sucia y golpeada se levantó. La mujer parada en la puerta miró hacia atrás, luego se acercó y la levantó —Te voy ayudar a escapar—, ante aquellas palabras, Luzmila se regocijó. —¿Por qué? —, su voz sonaba algo apagada, se debía a qué la garganta estaba irritada de tanto llorar y pedir auxilio —¿Por qué me ayudas? —Porque quiero y puedo—, dijo al soltarle las manos —Estás son las llaves del auto donde te irás. Esta parqueado a unos tres metros de la salida… —¿Así es como me vas ayudar? ¿Pretendiendo que salga sola? Ya intenté escapar en la mañana, y me atraparon. Apenas ponga un pie ahí a fuera, me atraparán. —Por la mañana no tenía a nadie que te ayudara. Ahora me tienes a mí. Nadie te verá, yo los entretendré

