Dejó un beso en mi frente, retiró sus manos y rodeo el sillón, se acomodó en mis piernas y cuestionó —Eso quiere decir que, ¿te habías enojado? —Era obvio, ¿no? Tuvimos una pelea… —No tuvimos una pelea—, dijo seria —Solo tuvimos un desacuerdo, pero no fue una pelea—, sonreí al verla hablar tan pacíficamente —¿Tú lo consideraste como una pelea? —, asentí —¿Pensabas no hablarme ni bajar a la habitación? —, volví asentir —¿En serio? —, me empujó del hombro, seguido la abracé con mucha fuerza. —Pensaba bajar cuando ya estuvieras dormida, y me quedaría sentado contemplándote dormir toda la noche—, ladeó la cabeza nesgándose a creer que no me atrevería a realizar tal cosa, pero la realidad era que ya lo había hecho. —No debes enojarte por cosas simples— le decía simple a husmear y cuestio

