Estaba sentado, su cabeza inclinada, apretó sus sienes y soltó un suspiro frustrado —¡Lo siento! ¡Lo siento! —, se levantó y fue hasta el baño, dejó a Adamari aturdida, no comprendía que había pasado. Ada saltó de la cama cuando dentro del baño se escucharon golpes. Rápidamente envolvió una sábana en su cuerpo y fue hasta este, tocó sutilmente —Nathan, ¿estás bien? —, detrás de la puerta, Nathan permaneció en silencio, mirándose por el único pedazo de espejo que había quedado —Entraré—, musitó. Intentó abrir la puerta, pero esta estaba con seguro. Nathan observó como la manija se movía. Tras soltar un suspiro sacó el seguro, apartó la mirada de la puerta. Apenas Adamari ingresó posó la mirada en la herida de la mano —Dilo, no te sirvo. Buscarás a alguien que si pueda complacerte—, Ada i

