«Yo no aprendo», pensé por quinta vez mientras oía a Valerie vociferando. «Esto me pasa por idiota», volví a reprenderme por mi tonta costumbre de confiar en quien no debía. ¿Qué diablos me hizo creer que Bianca guardaría mi secreto, si con anterioridad demostró no ser de fiar al revelar contarle secretos míos a su madre? Creí, como la ilusa que soy, que esa vez sería distinto, que tal vez había madurado, pero no. Una vez más, violó traicionó mi confianza. Lo peor del caso, es que mi madrastra había estado comportándose de manera muy extraña durante los últimos días. Estaba más irritable de lo normal, y de repente decía cosas sin sentidos. Atribuí su conducta a todo el estrés de ser de nuevo madre después de casi diecisiete años y al montón de cambios que sucedieron con la llegada de mi h

