Nunca antes había sido tan feliz, como lo fui en ese momento. Desde que Antoine regresó a mi vida, experimenté un montón de cosas que jamás imaginé sentir. La certeza de saber que alguien me amaba con la intensidad que él lo hacía, era… mágico. Al mirarnos, podíamos ver en nuestros ojos, ese amor juvenil, que a pesar de los años, no se puso rancio, sino que maduró como el buen vino. Sin embargo, aunque era muy feliz, por momentos volvía a la realidad y la tristeza me golpeaba con brutalidad. No quería aceptar lo que estaba sucediendo y trataba de engañarme, creyendo que en algún momento sucedería un milagro. Mi primera noche junto a Antoine, como prometidos, fue asombrosa. No tuvimos sexo, pero de igual modo, no dormimos casi. Él me contó varias anécdotas de su vida, algunas divertidas

