Entraron a la habitación y Toribio devoró sus labios como un salvaje, su lengua encontró la de Jenn y empezó una danza deliciosa, casi prohibida que logró lubricar y Toribio sintió su erección apretando en el pantalón. La miró y pensó en romper su vestido pero Jenn se dio cuenta y con habilidad lo deslizó hacia abajo quedando completamente desnuda frente a él. La mujer que tenía enfrente no se parecía en nada a la pequeña pelirroja que había llegado a sus brazos. La mujer frente a él, era decidida, fuerte, valiente pero sobre todo era ella, la mujer de sus sueños. Jenn se colgó de sus hombros para impulsarse y saltar enredando sus piernas alrededor de su cintura. Ese hombre le encantaba, no había nada de él, o que él no hiciera que la haga desear más. — Te amo — susurró entre sus l
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