| Sirenita |

2019 Palabras
POV Toribio — ¡Pelirroja! a ella se le ve las raíces de color marrón ¿Acaso eres idiota? — grité viendo el grupo de mujeres que me trajeron estos idiotas. Cada día que pasaba era una maldita agonía pensar en mi sirenita. Dos largos años han pasado y aún no la he encontrado. ¿Dónde se metió? Por qué estoy seguro que no la soñé, por qué mi mente la pudo imaginar, pero mi polla no. Quiero encontrarla y follarla hasta que quede embarazada. Antes quería tenerla hasta cansarme de ella pero después de dos años sin poder follar con nadie, cuando la encuentre la reclamare como mi mujer, para que ningún otro hombre jamás vuelva a tocarla. ¡Qué digo tocarla!... ¡Mirarla! El siguiente que la vea se muere. Mi sirenita, una maldita diosa que me dejó prendado de ella como si fuera un maldito lobo. Parezco un puberto que se prendió de su primer coño. No se quien es, y tampoco sé por qué se lanzó sobre mí ese día pero la razón es ahora irrelevante, por que necesito de ella. La quiero en mi cama, en mi vida, en mi finca paseando desnuda, siempre dispuesta para mi. — Lo lamento señor es solo que pidió que vigilamos a los que se casaron aquel día, desde ese dia hemos traído a todas las mujeres que la rodean, ya nos cansamos de buscar. — Mi querido Dorante si no fueras mi mano derecha ya te hubiera matado, este trabajo es deficiente, ni siquiera parece que te estás esforzando – digo dándole unas palmaditas a su rostro. —Toribio, estamos agotados — dijo sosteniéndome la mirada — Quizá lo que tengas es un problema en la polla, ¿Por que no eliges a alguna otra mujer pelirroja y lo intentas? Quizá solo es un fetiche — preguntó el idiota. Me hierve la sangre al pensar que nunca volveré a ver a mi sirenita. No eso no va a pasar porque si tengo que pagarle a más idiotas que la busquen lo haré, pero ya hemos recorrido cada estado, y no aparece ¿Le habrá pasado algo? — Empieza a buscar actas de defunción y personas desaparecidas en ese año y me mandas un reporte de cada pelirroja que encuentres. Ahora salgan de aquí, y llevense a todas estas mujeres, ya pueden irse — dije señalando la salida. Cuando estaban saliendo, una de ellas quedó mirando hacia mí fijamente. La verdad es que si se parecía a mi Sirenita. Todas eran hermosas a su manera, pero la que volteo tenía esa aura de niña como mi sirenita, lo único que me molestaba eran sus ojos celestes, los prefiero verdes como mi pelirroja. — ¿Te gustaría quedarte esta noche? — pregunté y asintió con la cabeza sin mirarme a los ojos. ¡Perfecto! Sumisa como me gusta. — ¡Llevenselas! — grité. Mis muchachos de seguridad me hicieron una señal para saber si las mataban o no, pero hoy por haber encontrado una linda chica les dije que no. Cuido muy bien mi identidad, pero hoy tuve un desliz al mostrar mi rostro. Nadie vivo sabe quien soy, siempre protejo mi identidad usando mi máscara de Tiburón. — Señor ¿Qué es lo que debo hacer? — preguntó con su tierna voz. La miré, no era tan bonita como las otras, ni tampoco tenía un gran cuerpo, pero necesitaba de alguna sacar toda la ira y frustración que había dentro de mi. Mi sirenita me jodió y aunque he follado con muchas mujeres antes de ella, ninguna fué pelirroja, antes las repudiaba. Al ver a la mujer frente a mi, cerré los ojos imaginando que era ella. No se la iba a poner muy difícil para empezar, quizá solo la iba a hacer llorar mientras le follaba la boca. — De rodillas — dije parandome frente a ella. Acaricié su cabello y empujé su cabeza hacia abajo, ya que estaba demorando un poco. Le guiñé el ojo a uno de mis hombres para que salieran, normalmente no me importa follar delante de ellos, pero han sido dos años sin tener una maldita erección, ya no me siento tan cómodo. Aun mi pene no está listo, pero se ve bien sí al menos puedo conseguir una buena mamada lo haré. — ¡Abre bien la boca! — grité mientras tenía a la mujer entre mis piernas tratando de poner mi polla en su boca. ¡Qué frustración maldita sea! Ni siquiera en eso alguien se compara con mi sirenita. — ¡Largo! ¡Vete de aquí! — dije levantándola de un brazo. — Pero yo… — titubeó con ojos brillosos. — Sal por esa puerta si no quieres que te mate — dije cerrando mi pantalón y la estupida salió corriendo como un corderito. — Señor tiene una llamada — dijo Dorante entrando al ver salir a la pelirroja asustada. — ¿Quién es? — pregunté y no respondió. Entonces ya sabía que era la madre de mi hijo. No entiendo por que si mi hijo ya tiene 24 años aun ella sigue obsesionada con tener algún vínculo conmigo. La maldita puta que se acostó con mi enemigo, solo porque yo no quise casarme con ella, pero obtuvo lo que quiso, ser parte del negocio, pero ella aun anhela estar de mi lado, pero no lo logrará. — Dile que la llamaré después — dije hablando fuerte. Me importa una mierda si me escucha. — Señora Lucrecia, el señor dice… Esta bien yo le digo — Dorante extendió el teléfono una vez más a mi, y lo tomé para terminar esto más rápido. — Lucrecia, ya es hora que dejes de joder ¿Para qué llamas? — pregunté directamente. Esta mujer tenía la habilidad de sacarme de quicio. Nunca la amé, ni la amo, ni la amaré. Tener a Leonardo fue su mero capricho y yo se lo concedí, por eso ella lo crió, ni siquiera le dí mi apellido. — Toribio, lo único que quiero es confirmar que vendrás a conocer a los suegros de tu hijo — dijo repitiendo lo mismo que le ha venido diciendo a mi secretaria por meses. Mi hijo se fue a Italia con su novia hace casi dos años y ahora volverán para anunciar su compromiso ¿Me importa? No, realmente ella puede hacer lo que quiera con Leonardo, lo alejó de mí cuando era un bebé y él se crió como el bastardo de Julio César, así que es más hijo de él que mio. — No no iré — — Tienes que venir, Leonardo será un hombre casado y como tal ya puede ocupar un lugar en la mesa de reuniones — dijo y corté la llamada. No estoy para sus pendejadas, pero si quiere que vaya a la dichosa reunión, iré. Así les dejaré bien en claro que aunque Leonardo es mi hijo no será mi sucesor. Si no tengo otro hijo, todo quedará para Dorante, o su hijo. POV Jenn ¡Qué bien se siente regresar! Han pasado dos años en los que han sucedido muchas cosas en mi vida, pero la más importante es que Leonardo y yo nos casaremos en menos de 1 mes. Queremos que nuestras familias estén presentes por ello haremos la ceremonia en Los Ángeles y luego volveremos a Italia. Estoy muy emocionada por volver a ver a mis amigas, pero lo más importante es que quiero volver a ver a mis padres, a los cuales he extrañado como una loca. Al principio fue difícil, un nuevo lugar, nuevo idioma, una nueva casa, casi siempre estaba a la defensiva, pero Leonardo poco a poco me sacó de ese lugar oscuro en el que me refugié junto a mis temores, fracasos, desilusiones y después de 2 años de relación, entre broma y broma salió el tema del matrimonio y por supuesto acepté. Estamos muy felices. Por mi me casaría mañana mismo, en una ceremonia sencilla, sin muchos invitados. Lo importante es casarnos ante Dios y que él bendiga nuestra unión, pero Leonardo si quiere una gran boda, lo complaceré porque lo amo mucho. Terminamos de recoger las maletas y nos tomamos de la mano para salir a ver a nuestras familias, bueno a mis padres y amigas y por su lado solo está su mamá, su padre siempre está ausente. — No te pierdas princesa — dice dándome un último beso antes de separarnos. Siento un cosquilleo y una presión en el estómago, es la primera semana que no dormiremos juntos después de casi dos años. Esta semana estaremos separados, por qué él y su madre se adelantarán a Los Ángeles y yo me quedaré con mis padres en Washington unos días. Me siento un poco triste pero sé que después de nuestro matrimonio no nos volveremos a separar, y por supuesto volveremos a vivir a Italia, allá tenemos nuestro nidito de amor. Me siento un poco nerviosa, estoy en un punto en el que nunca imaginé poder llegar, casándome con el hombre de mi vida. Siempre pensé que me casaría de último, pero ahora estoy a un paso de mi día soñado. — Bienvenida hija — dicen mis padres abrazándome fuerte y no puedo evitar sollozar al sentir que mi madre también lo hace. Los he extrañado mucho, pero la distancia me ha ayudado mucho, necesitaba irme de este lugar para sentirme mejor, para encontrarme a mi misma. Mis amigas vienen corriendo, Cecil llega primero ya que Hebe camina más despacio por su barriga. Otra vez está embarazada y otra vez tendrá gemelos. En algún momento esto hubiera podido afectarme, pero al día de hoy se que ella es feliz y está en el lugar que debe estar, su esposo no tiene ojos para nadie más que ella, así que aunque yo me enamoré de él, una relación nunca hubiera sido posible. — ¿Cómo están los bebés? — digo tocando su pancita. No puedo evitar sentir unas mariposas jugando dentro de la mía. La verdad es que hace un tiempo he dejado de cuidarme, y aunque aún la cigüeña no ha tocado nuestra puerta, se que pronto lo hará. Quiero todo, el esposo, los hijos, el perro, y el gato. — Días buenos y días malos pero ahí vamos, ya tengo experiencia — responde riendo. Veo el rostro de mi amiga y se ve simplemente feliz, plena, eso es lo que quiero para mí y sé que lo conseguiré al lado de Leonardo. — Cecil ¿Cómo has estado? — pregunté al ver su carita loca a punto de explotar, se que tiene algo que decirnos. — Tengo novio, por fin lo puedo decir ahora que estamos juntas. A William lo conocieron en el bautizo, pero oficialmente se los presentaré como mi pareja en tu matrimonio. — respondió saltando como una niñita. Nos tomamos de la mano como solíamos hacerlo cuando caminábamos en la universidad, nos fuimos hacia el auto que nos esperaba fuera del aeropuerto. Sentí la brisa peculiar de Washington en mi piel y un escalofrío estremeció mi cuerpo. Los rayos del sol llegaban a mi rostro. Estoy en casa, después de dos años, soy la misma pero al mismo tiempo no lo soy. He crecido, madurado, estoy lista para formar mi familia. Siento que este es un nuevo comienzo y no puedo esperar para ver lo que el destino tiene preparado para mi. Ansiosa pero orgullosa de mi camino hasta este lugar. POV Toribio — Señor aún no dejamos de seguir a la mujer que se casó, y creo que ya encontramos a su chica — dijo Silvester — Tráiganla ante mí — dije con una sonrisa. Un minuto pasó y mi celular sonó nuevamente, era un mensaje de Silvester, cuando lo vi no podía creer lo que estaba viendo. Mi sirenita, ahora se ve aún más hermosa, se ve más madura pero su carita hermosa aún sin una gota de maquillaje, me dice que aún es la misma. Aún puedo saborear sus dulces besos sobre mis labios y en mi piel, pronto nos volveremos a encontrar mi sirenita.
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