— ¿¡acaso no te das cuentas!? ¡Me interrumpiste el polvo que estaba a punto de tener con él en tu puto jardín! — grité iracundo señalando a Marcos, mientras Robert me sostenía por mi camisa la que hace pocos minutos el sexy moreno estaba desabotonando, el idiota me empuja a un lado y se dirige donde se encuentra Marcos. — ¡Tu maldito drogadicto, lárgate ahora mismo si no quieres que me encargue de arruinar tu patética carrera de cocinero y mesero de poca monta! — exclama Robert entre dientes sosteniendo a él pelilargo por los hombros. Marcos al parecer me está observando y ve rápidamente a Robert podía ver la lucha mental en la cual estaba inmerso en ese momento, intentaba decirme algo con la mirada, quizás quería responderle a Robert, yo negué con la cabeza para que no dijese un

